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27.12.09

COMUNICADO

Queridos amigos y lectores:

Con fecha de, sábado 26-12-2009, hemos recibido un correo de blogueer, comunicando el bloqueo, por el artículo treinta tres, y sin ninguna opción, de nuestro blog “PALABRAS INCENDIADAS”.
El blog lleva abierto desde hace más de un año, sin problema alguno, ustedes blogueros que son habituales lectores del blog, pueden juzgar.
El correo recibido dice así:

“Se ha revisado su blog de http://palabrasincendiadas.blogspot.com/ y se ha confirmado que viola nuestras Condiciones del servicio de: SPAM. De acuerdo con estas condiciones, hemos eliminado el blog y ya no se puede acceder a la URL!”.
Podemos asegurar que nuestro blog, no vulnera en ningún caso, ninguna regla impuesta por blogger, ni contenido, ni en imágenes, nuestra página, es un espacio de literatura principalmente. No tenemos culpa de que sus robots-blogger, no tengan criterio al respecto y por razones que se nos escapan, juzguen a la ligera el contenido de la página, bloqueando sin reservas, y secuestrando nuestro blog, con el consabido perjuicio para nosotras.
De blogger nos han pedido que esperemos hasta el miércoles para su revisión (suponemos que los robots también celebran navidad) eso esperamos. ¡Queremos nuestro blog¡
Pedimos disculpas a quien haya intentado abrir la pagina y se haya encontrado con “el candado”, pero no tenemos llave de momento.
P.D. Por si acaso, guarden copia de las plantillas de sus blogs.
Mercedes e Isabel

10.12.09

JOSEPH BRONSKY. Biografía



















Poeta ruso nacido en San Petersburgo en 1940.
De formación autodidacta, reconoció la influencia que en él ejercieron los poetas clásicos, los metafísicos ingleses y los poetas polacos modernos, además de Proust, W. H. Auden y Herman Melville.
Como tanto otros escritores o intelectuales, fue apartado de la línea oficial del partido comunista, condenado al más absoluto ostracismo; en 1964 se le acusó de “parásito social”, como solía suceder con los que disentían de la revolución bolchevique. Se le condenó a cinco años de trabajos forzados, que afortunadamente no llegó a cumplir. Acusado de "parasitismo social", fue encarcelado durante dieciocho meses a la edad de veinticuatro años.
En 1972 emprendió el camino al exilio, obteniendo la nacionalidad estadounidense en 1977.
Sus "Poemas selectos", que reúnen una importante colección de su poesía, se publicaron en versión inglesa en 1973, seguidos de "Partes de la oración" en 1980 e Historia del siglo XX en 1986.
En 1981 obtuvo una beca de la Fundación MacArthur, y en 1987 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura.
Su producción literaria se extendió hasta el día de su muerte, ocurrida en Nueva York el 28 de enero de 1996.

ESTUVE EN UNA JAULA


Estuve en una jaula en el lugar que debió ocupar un animal salvaje.
Con clavos talle mi apodo
y el plazo que me quedaba por cumplir.

Viví junto al mar y jugaba a la ruleta,
cenaba con cualquier pajarraco vestido de frac.
Observaba el mundo desde la altura de un Iceberg,
tres veces me ahogue,
dos veces estuve crucificado.

Abandone el país que me había nutrido.
De los que se olvidaron de mí
se podría hacer una ciudad.
Vagué por estepas que conservan en su memoria
el alarido de los Hunos,
me vestía con lo viejo que mañana estará de moda,
sembraba cebada, me cubría con cartón y bebía todo lo que me pusieran por delante.
Deje entrar en mis sueños la pupila vigilante que acompaña el convoy,
mascaba el pan del exilio sin dejar migas,
me permití todos los sonidos excepto el aullido, luego pase a hablar en susurros.

Ahora cumplí cuarenta años.

¿Qué puedo decir de la vida?
Que resultó ser larga.
Únicamente con el dolor me siento solidario,
pero hasta que me tapen con greda la boca, de ella solo saldrán agradecimientos.

EL BUSTO DE TIBERIO


Yo te saludo, pasados dos mil años.
También tú fuiste marido de una puta.
Es algo que tenemos en común. Por lo demás,
en torno a ti está tu urbe. Estruendo, coches,
chusma con jeringas en húmedos portales,
ruinas. Yo, un viajero del montón,
saludo ahora tu busto polvoriento
en la desierta galería. Ah, Tiberio,
aquí no alcanzas ni los treinta. Del rostro
mana la confianza de quien domina el músculo
más que el futuro de su suma. Y la cabeza,
que el escultor cortara en vida,
muestra en esencia el augurio del poder.
Todo lo que queda bajo el mentón es Roma:
provincias, cohortes y también rentistas,
más un sinfín de infantes que besan tu aguijón
-placer en clave de la loba
que alimenta a los críos Remo
y Rómulo-.(¡Los mismos labios!,
musitando, dulces, inconexos
entre los pliegues de la toga. ) A fin de cuentas:
un busto en señal de independencia entre cuerpo y cerebro.
De hecho, incluido el del Imperio.
De dibujar tú mismo tu retrato,
sería todo él circunvoluciones.

Aquí no alcanzas ni los treinta. Nada
en ti detiene la mirada.
Ni, a su vez, tu firme observar
está dispuesto a detenerse en algo:
ni en rostro alguno ni en un
paisaje clásico. ¡Ah, Tiberio!
¡Qué más te da lo que rezonguen
Tácito o Suetonio en busca de las causas
que te hicieron cruel! No hay causas en el mundo,
tan sólo efectos. Los hombres son sus víctimas.
Y sobre todo en las mazmorras donde todos confiesan;
no en vano confesar bajo tortura,
como las confidencias del niño,
se torna monocorde. Lo mejor es
no tener nada que ver con la verdad.
Por lo demás, ésta no eleva. A nadie.
Menos aún al César. Al menos,
tú apareces más capaz de ahogarte
en tu baño que por una gran idea.
Y en general, ¿ser cruel no es acaso
precipitar tan sólo el común destino
de toda cosa, o la caída libre
de un cuerpo simple en el vacío? En él
siempre acabas en el momento de caer.
No vendrá el diluvio tras nosotros

Enero. Un aluvión de nubes
sobre la invernal ciudad a modo de mármol sobrante.
El Tíber, que huye de la realidad.
Las fuentes, que echan agua hacia el lugar
de donde nadie mira, ni cómo quien no ve,
ni entornando la mirada. ¡Es otro tiempo!
Y no hay modo de atrapar al lobo
enloquecido. ¡Ah, Tiberio!
¿Quiénes somos nosotros para ser tus jueces?
Has sido un monstruo, mas fiera impasible.
Pues la naturaleza, cuando crea sus monstruos
-las víctimas jamás-, los plasma, no obstante,
a semejanza suya. Más nos vale mil veces
-si escoger nos es dado-
que venga a destruirnos un engendro del infierno
antes que un neurasténico. Con treinta sin cumplir,
el rostro hecho en piedra, cara rocosa,
creada para dos milenios,
te asemejas a un instrumento natural
de exterminio, y en nada a un esclavo
de pasión humana alguna, o a un forjador de ideas
y demás. Y defenderte de las invenciones
es como proteger al árbol de sus hojas,
con su complejo de que ellas son, entre susurros
inconexos pero claros, mayoría.
En la desierta galería. En mediodía gris.
El ventanal tiznado con las luces del invierno.
El ruido de la calle. Ajeno por completo
a la textura del espacio, el busto...
¡No puede ser que no me oigas!
Pues yo también huí, sin mirar hacia atrás,
de todo lo que me había sucedido; me convertí en isla
con sus ruinas, sus cigüeñas. También me esculpí
el rostro por medio de un candil.
A mano. Y lo que llegase a decir,
lo que haya dicho, a nadie le interesa,
y no en su momento, sino hoy mismo.
¿No es esto también un modo de acelerar
la historia? ¿No es un intento -logrado por desdicha-
de colocarse el efecto delante de la causa?
Y además, también en el total vacío,
lo cual no garantiza un gran aplauso.
¿Arrepentirse? ¿Rehacer tu suerte?
¿Jugar, como se dice, con otra baraja?
Pero, ¿vale la pena acaso? La lluvia radiactiva
nos cubrirá no mucho peor que tu historiador.
¿Y quién vendrá a maldecirnos? ¿Una estrella?
¿La luna? ¿Una termita enloquecida por
las incontables mutaciones, de tronco fofo, eterna?
Todo es posible. Pero, cuando, como un objeto duro,
se tope con nosotros, ella también, tal vez,
algo turbada, detendrá la excavación.
«Un busto -exclamará en el lenguaje de las ruinas,
del músculo abreviado-, un busto, un busto.

FIN DE UNA ÉPOCA MARAVILLOSA


Así como la poesía exige palabras,
yo -sordo y pelado, taciturno mensajero de una potencia de segunda categoría- sin querer esforzar mi cerebro,
me pongo el abrigo
y bajo al kiosco por un periódico.


El viento moviliza las hojas.
En estos tristes lugares
el opaco calor de viejas ampolletas
produce -con la ayuda de algunos charcos-
efectos de abundancia.
Hasta los ladrones cuando roban una mandarina
se encuentran con una envoltura luminosa.

En realidad, ya se me olvido hasta el sentimiento con que me contemplo a mí mismo.
En estos tristes parajes todo está planificado para el invierno:
sueños, paredes de cárceles, abrigos, vestidos de novia, bebidas y
minuteros del reloj.
Los gorriones y el barro parecen oxidados, costumbres puritanas. Ropa interior. Y en las manos de los violinistas guateros de madera.


Este lugar es inmóvil.
Al imaginar la producción quinquenal de
hierro y plomo, uno queda con la mente abobada,
y añora el antiguo poder cosaco de bayonetas y látigos.
Las águilas imperiales, sin embargo, son atraídas como un imán por el fierro.
Hasta las sillas trenzadas están hechas con pernos y tuercas.
Solo los peces en el mar conocen el precio de la libertad,
pero su silencio nos obliga a construir nuevas categorías
y el espacio se despliega como una lista de precios.

El tiempo está construido por la muerte.
Cuando requiere cuerpos y objetos busca verduras frescas.
El gallo imita al carillón;
para quien tiene un carácter sublime
resulta lamentablemente difícil
vivir en una época de proezas.

Al levantarle el vestido a una mujer bonita encuentras lo que buscas y no un prodigio.
Y no ocurre así por seguir los pasos de Lobachevsky
sucede porque el mundo abierto tiene que angostarse en alguna parte,
y es aquí
dónde yace el fin de la perspectiva.

Tal vez el mapa de Europa fue robado por los agentes del poder,
quizás los otros continentes están demasiado lejos
o tal vez una hada bondadosa me esta hechizando,
y no puedo arrancarme de aquí.
Para no llamar a la sirviente me sirvo vino, acaricio el gato.

A lo mejor sería preferible una bala en la sien,
así como se apunta con el dedo al error.
Tal vez huir de acá a través del mar, como un nuevo Cristo.
Borracho y atontado por el frío, no es extraño confundir un tren con un barco,
no hay motivo para sonrojarse o para sentir vergüenza:
el tren - como una canoa en el agua- no deja huellas en los rieles.

¿Qué dicen los periódicos en la sección de tribunales?
Fue ejecutada la sentencia, al imaginar eso el ciudadano percibe -a través de lentes con marcos de estaño- a un hombre acostado cara abajo al lado de un muro de ladrillo.
Pero no está dormido, ya que los sueños tienen derecho a despreciar las cúpulas baleadas.
Perspicacia de esta época
que con sus raíces entrelaza los tiempos,
incapaces -en su ceguera común- de distinguir
entre los caídos de la cuna y las cunas caídas.

Ese prodigio de ojos claros
no quiere ver más allá de la muerte,
que pena, hay muchos naipes
pero no hay con quien interpelarlos
para ver el futuro.

El punto de vista de estos tiempos,
es la perspicacia hacia los objetos de una vía sin salida;
todavía no ha llegado el momento
de derramar la inteligencia,
solo un escupo en la pared.
Y no despertar al príncipe, sino al dinosaurio.

Para el último párrafo ¡Ay! no arrancaría la pluma a un pájaro.
A la cabeza inocente
no le queda mas que esperar el hacha y el laurel.

DE NINGUNA PARTE CON AMOR


De ninguna parte con amor, algún día, algún mes
querida y respetada linda, pero no importa quien eres;
¡al diablo, que ya no me acuerdo de tu cara!.
Un amigo fiel -ni tuyo ni de nadie- te saluda,
desde uno de los cinco continentes
apoyado por los cowboys;
yo te amaba más que a los ángeles y que a mi mismo,
y por eso ahora estoy más lejos de ti que de ambos.

Tarde en la noche, en el fondo de un valle dormido,
en una ciudad cubierta con nieve hasta la manilla de la puerta,
retorciéndose en la sabana -nada se dice de esto más abajo-
estoy clavando el cojín
murmurando la palabra "tú",
detrás de mares sin fin,
yo, como un espejo insensato,
repito tu silueta con todo mi cuerpo.

SIEMPRE HE DICHO QUE EL DESTINO ES UN JUEGO


Siempre he dicho que el destino es un juego.
¿Para que nos sirve el pez si tenemos caviar?.
El gótico triunfara como estilo por su
capacidad para destacarse sin pinchar.
Estoy sentado detrás de una ventana,
al lado veo un álamo.
Yo amaba a pocos, pero los amaba demasiado.

Creía que el bosque es solo extensión del tronco.
¿Para que necesito una muchacha entera si tengo su rodilla?
El ojo ruso descansa en las cúpulas de Estonia,
tras un letargo de polvo levantado por siglos.
Estoy sentado al lado de la ventana, ya lavé los platos.
Fui feliz aquí, ya no lo seré.

Yo escribía que en la ampolleta vive el temor al sexo,
que el amor como el acto carece de verbo,
que Euclides no sabía que llegando al cono el objeto se convierte en cronos y no en cero.
Estoy al lado de la ventana, recordando mi juventud,
a veces sonrío, a veces escupo.


Dije que la hoja cuando brota destruye al brote,
que la semilla al caer en mala tierra no da frutos,
que los pastizales en el campo muestran el manoseo de la naturaleza.
Estoy sentado al lado de la ventana abrazando la rodilla,
en compañía de mi densa sombra.


Mi canción carece de motivos heroicos, por suerte
no es posible cantarla a coro.
No es raro que debido a estas palabras
nadie se atreva a palmotearme la espalda.
Estoy sentado al lado de la ventana, en la oscuridad,
como en el tren, el mar suena tras las cortinas.

Soy ciudadano de una época desvalida,
me reconozco con orgullo como un producto de 2da categoría,
regalo mis mejores pensamientos al futuro,
como ejemplo de lucha contra el ahogo.
Estoy sentado en la oscuridad de una pieza
y no es peor que la oscuridad de allá afuera.

YO ERA SOLO AQUELLO


Yo era solo aquello
que palpabas con tu mano
sobre quien en la noche sorda
inclinabas tu rostro.

Yo era solo aquello
que tu prefigurabas:
primero un contorno
y luego una silueta.

Eras tu la que
murmurando
en mi oreja con calor
me fuiste creando.

Eras tu la que
sacudiendo velos
en mi boca húmeda
me entregabas la voz
con que te podía llamar.

Yo era simplemente ciego,
surgiendo y escondiéndote tu me
regalaste la vista,
de esa manera se dejan huellas.

Así se crea el universo,
así después de crearlo,
se lo abandona y se lo deja girar
desperdiciando lo regalado.

Así
arrojados en el ardor y en el frío,
en la luz y en la oscuridad,
así gira el globo terráqueo.

4.12.09

SAMUEL TRIGUEROS

(Tegucigalpa, Honduras, 1967)Autor del libro “El trapecista de adobe y neón” (en coautoría con Albert Depienne. QDDG).Premio Único de Cuento Súbito-Centro Editorial. S.P.S. 1991, con el cuento “Sin una palabra”.Mención de Honor para Poetas Jóvenes. Revista Mairena. Río Piedras, Puerto Rico. 1992., con el libro “Amoroso signo”.Primer Premio Poesía. Lira de Oro Olimpia Varela y Varela 1988. Honduras., con el poemario “Todo es amor tras esta nostalgia”.Primer Premio Ensayo. Lira de Oro Olimpia Varela y Varela 1988. Honduras., con el ensayo “Borges”.Primer Premio Víctor Hugo 2003. Alianza Francesa, Secretaría de Cultura Artes y Deportes, Embajada de Francia., con el libro “Animal de ritos”.Miembro fundador y primer director del Colectivo de Poetas Paíspoesible. Antologado en “La hora siguiente”. Poesía emergente. Ediciones Il miglior fabro. 2005. Antologado en “Versofónica. 20 poetas, 20 frecuencias”. Paíspoesible, Banco de los Trabajadores. Reseñado en “Panorama crítico del cuento hondureño”, de Helen Umaña. Letra Negra Editores. Guatemala, 2001. Reseñado en “Diccionario de literatos hondureños”, de José Gonzáles. Editorial Guaymuras, 2006.Antologado en “Papel de oficio”, Veinte poetas. Secretaría de Cultura, Paíspoesible. Mención de honor en el Premio Hibueras 2006, con el cuento “Una despedida”. Antologado en “La palabra iluminada”. Helen Umaña. Letra Negra Editores. Guatemala, 2006. Antologado en “La herida en el sol” Antología de Poesía Contemporánea Centroamericana. Universidad Autónoma de México (UNAM), 2008.

RESURECCIÓN

De cuando en cuando el corazón
los huesos en silencio
los tendones laxos
los párpados cerrados
establecen un acuerdo a espaldas de los otros
a un costado de todos los dormidos
en la gran colina de cenizas
en la gran consecuencia de la muerte
en la coronación de lo que fue la vida
vacilando pero honestos
entre la inexistencia y el humo
para decir “esto” “aquello”
en lengua torpe
en balbuceo de mundos
de historias pequeñas reducidas a un cuerpo
a unos datos para el aire
a un aliento que escapa entre las grietas de la carne:
otra mano que escribe el palimpsesto:
ir de regreso en viaje nuevo
inverso
siendo otro en el mismo
como antes
como nunca
apenas una voz que intenta encender preguntas
sin más consentimiento que la invención de un coto
de un lugar donde el pie sabe “aquí”
sin un “por cuánto”
excepto el deber
la ineludible vuelta a la sencilla forma
sin mentiras ni matices para la complacencia
sólo unos omóplatos
tejidos
órganos
una construcción que avanza
contra la insoportable medida del silencio
ese es el acuerdo
sólo una voz que inicia algo
aunque no un mundo
al decir lo que nunca
lo que apenas
eso que insinuado no
lo que leído no sirve como ejemplo
más allá de los arrebatos
y la tirana sensación del subconsciente
o la inutilidad de un pensamiento
en el hueco erizado de las horas y la historia
puesto que para eso están las tarjetas perforadas
los vestidos agónicos
la efeméride del consumo
los cubículos de la rutina
las mezquinas partidas de la miseria
pero aquí desde los abismos
una columna se levanta en la virginidad del aire
en el gran río de la sombra
un pueblo que sale al fin del semisueño
con espadas óseas contra los códigos adulterados
acuerdo
conspiración de vísceras desde la pesadilla
desde el quebrantamiento
más allá de la neblina que arriba ahoga el vuelo
más allá de la tormenta sucia de otros ruidos
cuya barbarie roe las paredes
el pecho
los circuitos con que la sangre hace su música
pesa la crónica
hace polvo de sombra la intención
la fantasía de un cielo puertos y horizontes
de una casa pequeña
de un encuentro donde la nostalgia se transfigure en fuego
por eso los acuerdos
la floración silvestre de esqueletos
de cámaras resucitadas donde otra vez el ánimo
los líquidos
los renovados tendones se levantan
en contra del cinismo
ahora al fin presencia
brillante acuerdo de las partes
comunión tácita
no magia no sospecha
ya que los presagios son una ciencia sin futuro
sólo acuerdos
iniciación reconstruida a partir de viejos ritos
sobre piedras desgastadas
lenguaje reinventado
cinematografía hecha de asombros que aprenden
su acto de luz
de gargantas donde el aire no es menos que un niño
o un espíritu nonato virgen de fracasos
y en los acuerdos dudas necesarias
para no tragar el vómito
para impulsar la nave
hinchar las velas
dejar aparte los exilios
y regresar a lo de ahora
ser lo que jamás
lo que dado el recuerdo sobrevive
más acá de la tierra y los dolores.

TRÍPTICO POR LA LUZ

I
La luz recuerda,
exhausta,
en honda sombra,
el breve instante en que las llamas
levantaron su imperio por el cielo;
quieta, recuerda vastos pueblos,
los caballos o relámpagos tensos girantes en la hierba,
alzados en el esplendor de su victoria.
En el confín dorado del abismo
mira su antigua rueda de milagros,
la catedral fugaz de su mentira
y oscurecidos prados donde muriera el canto.
Desconsolada llega la penumbra.
Tiempo de ver fluir lo inexorable,
el sueño de verdad, la tarde,
por el declive turbio de las aguas.
Tiempo de estar, perdido con el barro
que sostuviera al cuerpo en fulgurancia.
Lo que en el claro día palpitó sucumbirá a la noche:
el bosque entre las hojas en la hora iluminada,
las palabras cruzando como pájaros,
el viento que olvidamos en los labios,
los continentes blancos en lo alto,
las invisibles manos
que alzan el heno en límpidos oleajes.
El girasol que abren y agostan los amantes
será materia,
débil materia del sueño incinerado.
La luz perdida toca en la tiniebla
los callados vestigios, los fragmentos,
la casi nada de su blanco cuerpo de memoria;
sabe que no retorna
la mansa espiga que el invierno uniera con el cieno,
que sólo es polvo el oro de su reino.
Y nada queda.
Y nada fue, sino la luz,
la vida,
el sueño en la distancia.
II
Lejos pasó la luz.
En los espesos bloques de la noche fluyen,
heridos, los instantes.
Ahora mis brazos,
el galopar nervioso de los astros,
el imperio del sueño que vibrara,
son música vencida, arenas vagas,
quilla que no cortó las aguas:
la agitación del viaje que se apaga.
Ahora mis manos van entrelazadas
contra la duna oscura de mi pecho.
Lejos golpeó la luz.
Atardeció en mi carne.
La vida entera ardió como una gota de ámbar.
Sin embargo, algo quedaba del jardín,
de la mañana vertida en la ternura,
de la esperanza sumergida
en los inmensos días luminosos,
cuando la hora es ancha y abarca soles navegantes,
besos que arden en la insensata lumbre del deseo:
el sueño de sobrepasar la muerte.
Anocheció en mis huesos.
Mientras la sombra vino sobre el mundo
supe que no es difícil desprenderse
de la límpida boca de la vida;
caer en lo profundo,
donde la luz no llega.
Las hojas rotas,
lo que de mí persiste, seguimos en lo oscuro,
sin intentar volver a la amistad del cielo.
Este es mi antiguo lecho, mi cámara de limo,
nuevos mientras comprendo
el término y destino de mis horas.
Esta es mi tierra de erizado mármol.
Alguien rompió la piedra para guardar mis iniciales
en la vana rutina de los aires;
y he visto a las palabras esforzarse,
querer ser,
creer,
iluminarse,
ansiar eternidades y angustiadas
caer
sin entender que el polvo y no la ira las reclama.
Este es mi cielo sin distancia,
entre constelaciones de raíces
y la humedad que baja en medio de los bulbos,
piedras
y el corazón de los jacintos ignorados.
Arriba corren los caballos,
y puedo imaginar
el claro jinete de las horas pardas
con el cristal del día entre las manos.
Y porque nada más poseo,
pienso en el fresco reino que ascendía
mientras la luz bajaba por la pared enferma de la tarde;
en el envés plateado de los sauces
sobre el temblor perdido de las aguas.
En la casa lejana
vigilia y sueño pasan abrasados.
La densa soledad sigue sin pausas.
¿Cómo podría ser de nuevo verdadero
en el amor o el odio,
aquí,
donde el intento de unos besos no alcanza más que los maderos,
la breve puerta de cristal cegada por la tierra,
los brocados que encierran mis lívidas entrañas?
Y ¿cómo sorprender al tiempo trabajando
con energía brutal en mi nostalgia?:
Recuerdo aquel verano,
la blanca piel,
la dorada espiga de agosto,
el vigoroso fulgor del aire entre los labios...
Y ¡qué silencios!,
¡qué ahogadas palabras acuden!,
¡qué pájaros hermosos
caen tan cerca de mis manos!
mientras el inclemente octubre se derrama.
Queda la hierba simple,
la roja estela que dejó la imagen
de los caballos mustios del ocaso:
el sueño de la carne:
perdurar un solo instante
en la ciudad del último destello...
¡Tanto brilla el recuerdo de las luces en lo alto!,
mientras la vida pasa,
mientras la sombra espera
como un abrazo
de los tranquilos reinos del subsuelo.
III
Menos que polvo es el recuerdo:
luz que no logró llegar donde mis huesos.
Y no despertaré para poner mi sombra
en el ardiente día venidero
ni fulgurar de noche con los sueños abisales.
Abrid el astro de los ojos,
y ved,
cómo he perdido el tiempo y he ganado los abismos,
la absolución final de los instantes,
el pasado de un cielo que brillará.
Luego apagad la rememoración del día,
los vanos fuegos, las voces importunas,
y dejadme soñar
el inflexible sueño de mi nada.
En la incansable noche hablo de la sombra
como de un lirio abierto
en la cerrada luna de los búcaros;
de las rotas imágenes que giran a su condición más tenue:
se alzan y se desvanecen:
son las últimas brasas palpitantes,
ráfagas del turbión donde la vida estaba.
Y hablo también del término del viaje
y del destino que apenas se levanta:
sombra sin tiempo anclada más allá de las palabras.
Nunca tuvo la sombra
más energía perfecta que ahora
en sus corceles que rememoran el paso desbocado de la sangre
por la intrincada red de inapresadas emociones:
magnéticos los cuerpos yacen, no se alzan,
apasionados e inefables,
sin importar si es dicha o es quebranto
la combustión que cruza inexorable.
Considero la senda que separa
mi tiempo sin instantes de los astros,
y es de sombra la savia que sostiene
viejas ramas flotando en el abismo.
Sombra es lo que hay en la distancia
que une y separa las estrellas y mis manos.
Y luego nada...
Habla la luz que fui;
y esto de siempre es el vacío unido a las palabras,
el sólido vacío que exhala
en soledad mi indiferente calma.

ELLOS QUE NO SON NOSOTROS


I
Ellos son el origen del cáncer
los del traje cosido con hormigas
abotonado con formol
los de la dentadura mecánica y voraz
los que redactan publican y reparten la sombra y el mastín
las babas de las prohibiciones
los que secuestran la ternura
y la exhiben sin brazos
sin abrazos
cicatrizada de impuesto en las vitrinas de la sangre
los que en lugar del corazón
cargan un catafalco preñado de cadáveres
los que masacran la esperanza
hollan la luz cortan los jardines
y nos entregan un orbe de basuras.

II
Ellos son
la reverberación fatal del cáncer
los dueños de la fábrica inhumana
los productores del insomnio y el cansancio
los demiurgos del fondo de los pozos
los reinventores del vómito y del hongo
los orondos sepultureros de la patria
los antisoles de la década perdida
los susceptibles alérgicos a todas las verdades
los cuervos adiestrados
en la potencia oscura de la fiebre
mensajeros del cierzo
heraldos de la miasma
reptiles de la muerte
sobre la blanca pared del sueño y de la historia.

III
Ellos son la suprema esencia del cáncer
los prisioneros del cromo y del estilo
los perfumistas de la soledad
los del tacto enajenado
los que meten la mano en medio de los pájaros
y engendran un piano de inmundicias
patronos de Caronte
espuma amarga del tedio y del olvido
pirómanos del alba
los tristemente siniestros postergadores de la dignidad
los soberbios
los oficiantes del quinqué apagado
los propietarios de la intensidad del frío
los publicistas de la semilla estéril y el Tratado
y su económico gendarme
los parceleros del crematorio de las almas
los del cerebro político baldío
donde copulan entre spots de aullidos
el neopoder y la mentira.

IV
Ellos son la llagada corona del cáncer
el círculo de pústulas
servido en cucharón de plata
los invasores tullidos de la democracia
los enquistados en la pesadilla ciudadana
los administradores del pentotal y la picana
los despiadados amantes de sí mismos
las tarántulas inciviles
anticiviles
rodadoras de un sol momificado
la diana pútrida a la que apunta el rayo de palabras
y el puño acumulado de las lágrimas
y la ira sencilla
natural
constante
inexorable.

3.12.09

PRESENTACION DE NUEVO BLOG

Es muy grato para nosotras presentarles nuestro nuevo blog de audio para niños: “CUÉNTAME UN CUENTO”. Les invitamos a su nacimiento en el día de hoy.
Gracias a todos