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18.1.09

FALLECE : MAHAMUD DARWISH

Fallece Mahmud Darwish, la voz de la lírica árabe

MAHMUD DARWISH


Mahmud Darwish no sólo es uno de los más grandes poetas árabes contemporáneos sino también una leyenda viva: sus libros circulan a millares por todos los países árabes y los estadios se llenan para escuchar sus recitales poéticos, acontecimientos irrepetibles que nadie quiere perderse. Hombre laico y moderno, refinado y elegante, Darwish es un palestino de diálogo, aunque su voluntad no se doblegue fácilmente ni esté dispuesto a hacer concesiones humillantes. Una de sus mayores esperanzas es revitalizar la literatura palestina, procurar a toda costa que los problemas políticos no la paralicen. Y para los palestinos, la proximidad física de su poeta es como una fiesta continua, un símbolo de la cultura palestina. No obstante, a pesar de haber alcanzado con creces las metas soñadas, el poeta, desde su actual residencia entre Jordania y Cisjordania, aspira a poder regresar algún día a su tierra natal, Galilea, donde nació el 13 de marzo de 1942.
Procedente de un ambiente campesino, sus primeros años los pasó en Birwa, una pequeña aldea de Galilea, situada a unos nueve kilómetros de Acre, donde sus padres poseían unas tierras que cultivaban para poder vivir.
En 1948, tras la retirada de las tropas británicas de Palestina y la implantación del Estado de Israel, su familia –como miles de familias palestinas- se vio obligada a huir de su casa para salvar la vida. Permanecieron un año en el Líbano y al regresar a Palestina se encontraron con que Birwa había sido completamente destruida por el ejército israelí, al igual que otras muchas aldeas. Tuvieron que instalarse en Dair Al Asad aunque de forma clandestina porque durante el año que habían permanecido refugiados en El Líbano, las autoridades israelíes habían elaborado unos censos, y los que no figuraban en los mismos, no tenían derecho a vivir en el nuevo Estado de Israel.
Tu silencio me dueletanto como la vida,tanto como el tiempo.Tus palabras me sostienentanto como la tierra,tanto como el cielo.
(Traducido del árabe por:María Luisa Prieto )
www.poesiaarabe.com

PASAJEROS ENTRE PALABRAS FUGACES




Pasajeros entre palabras fugaces:
Cargad con vuestros nombres y marchaos,
Quitad vuestras horas de nuestro tiempo y marchaos,
Tomad lo que queráis del azul del mar
Y de la arena del recuerdo,
Tomad todas las fotos que queráis para saber
Lo que nunca sabréis:
Cómo las piedras de nuestra tierra
Construyen el techo del cielo.

Pasajeros entre palabras fugaces:
Vosotros tenéis espadas, nosotros sangre,
Vosotros tenéis acero y fuego, nosotros carne,
Vosotros tenéis otro tanque, nosotros piedras,
Vosotros tenéis gases lacrimógenos, nosotros lluvia,
Pero el cielo y el aire
Son los mismos para todos.
Tomad una porción de nuestra sangre y marchaos,
Entrad a la fiesta, cenad y bailad...
Luego marchaos
Para que nosotros cuidemos las rosas de los mártires
Y vivamos como queramos.

Pasajeros entre palabras fugaces:
Como polvo amargo, pasad por donde queráis, pero
No paséis entre nosotros cual insectos voladores
Porque hemos recogido la cosecha de nuestra tierra.
Tenemos trigo que sembramos y regamos con el rocío de nuestros cuerpos
Y tenemos, aquí, lo que no os gusta:
Piedras y pudor.
Llevad el pasado, si queréis, al mercado de antigüedades
Y devolved el esqueleto a la abubilla
En un plato de porcelana.
Tenemos lo que no os gusta: el futuro
Y lo que sembramos en nuestra tierra.

Pasajeros entre palabras fugaces:
Amontonad vuestras fantasías en una fosa abandonada y marchaos,
Devolved las manecillas del tiempo a la ley del becerro de oro
O al horario musical del revólver
Porque aquí tenemos lo que no os gusta. Marchaos.
Y tenemos lo que no os pertenece:
Una patria y un pueblo desangrándose,
Un país útil para el olvido y para el recuerdo.

Pasajeros entre palabras fugaces:
Es hora de que os marchéis.
Asentaos donde queráis, pero no entre nosotros.
Es hora de que os marchéis
A morir donde queráis, pero no entre nosotros
Porque tenemos trabajo en nuestra tierra
Y aquí tenemos el pasado,
La voz inicial de la vida,
Y tenemos el presente y el futuro,
Aquí tenemos esta vida y la otra.
Marchaos de nuestra tierra,
De nuestro suelo, de nuestro mar,
De nuestro trigo, de nuestra sal, de nuestras heridas,
De todo... marchaos
De los recuerdos de la memoria,
Pasajeros entre palabras fugaces.

UNA NUBE EN MI MANO



Han ensillado los caballos
sin saber por qué,
pero han ensillado los caballos en la llanura.

El lugar estaba preparado para su nacimiento: una colina
desde los arrayanes de sus antepasados
se vuelve a Oriente y Occidente.
En los Libros, las hileras de olivos exaltan
las caras visibles del lenguaje
y un humo de lapislázuli adorna este día para
una pregunta que no concierne sino a Dios.
Marzo, niño mimado de los meses.
Marzo carda el algodón sobre los almendros.
Marzo ofrece un banquete de malva en el patio de la iglesia.
Marzo, tierra para la noche de la golondrina,
para una mujer que se dispone a gritar en los desiertos
y habita en los robles.
Un niño nace
y su grito permanece
en las grietas del lugar.

Nos hemos separado en las escaleras de la casa.
Ellos decían:
en mi grito hay una cautela que
no conviene a las plantas aturdidas.
En mi grito hay lluvia. ¿He perjudicado a mis hermanos
cuando he dicho que he visto a los ángeles jugando con el lobo
en el patio de nuestra casa? No recuerdo
sus nombres, su forma de hablar
ni su ligereza al volar.

Mis amigos extienden las alas por la noche y no
dejan ninguna huella tras de sí.
¿Le diré la verdad a mi madre?
Tengo otros hermanos que ponen
una luna en mi balcón
y tejen un manto de margaritas.
Han ensillado los caballos
sin saber por qué,
pero han ensillado los caballos al final de la noche.

Siete espigas bastan para la mesa del verano.
Siete espigas en mis manos. Y en cada espiga
el campo hace crecer un trigal.
Mi padre sacaba el agua de su pozo y le decía:
no te seques. Me daba la mano
para que me viera agrandarme cual verdolaga...
Camino por el brocal del pozo: tengo dos lunas,
una en lo alto
y la otra en el agua, nada... tengo dos lunas
seguras, como sus antepasados, de la verdad
de las leyes... Ellos han fundido el hierro de las espadas,
las rejas de los arados. La espada no puede reparar
lo que el verano ha estropeado, han dicho. Han rezado
mucho tiempo y han cantado sus alabanzas a la naturaleza...
Han ensillado los caballos
para bailar la danza de los caballos
en la noche de plata.

Una nube en mi mano me hiere: no
quiero de la tierra más que
esta tierra: el olor del cardamomo y el tamo
entre mi padre y el caballo.
Una nube en mi mano me ha herido.
No quiero del sol más que
una pepita de naranja
y el oro que fluye de la llamada a la oración.

Han ensillado los caballos,
sin saber por qué,
pero han ensillado los caballos
al final de la noche, y han esperado
a un espectro surgiendo de las grietas del lugar.

VUELAN LAS PALOMAS




Vuelan las palomas.
Se posan las palomas.

- Prepárame la tierra para descansar:
estoy fatigado de tanto amarte...
Tu mañana es fruta para las canciones
y esta tarde es de oro.
Nosotros somos el uno del otro cuando la sombra penetra a su sombra en el mármol
y yo me asemejo a mi ser cuando cuelgo mi alma
a un cuello que no abraza sino a las nubes.
Tú eres el éter que se desnuda ante mí cual lágrimas de uvas,
eres el comienzo de la familia de las olas cuando se agarran a la tierra,
cuando emigran.
Te amo. Eres el preludio y el epílogo de mi alma.

Vuelan las palomas.
Se posan las palomas.

Mi amado y yo somos dos voces en los mismos labios,
yo pertenezco a mi amado y él a su estrella fugitiva.
Penetramos en el sueño pero él se rezaga para que no le veamos.
Cuando mi amado se duerme, yo velo para proteger su sueño de lo que pueda ver
y expulsar a las noches pasadas antes de nuestro encuentro.
Elijo nuestros días con mis manos
y elijo para mí la rosa de la mesa.
Duerme, amor mío,
para que las voces de los mares se eleven hasta mis rodillas.
Duerme, amor mío,
para que yo me pose en ti y salve tu sueño de una espina envidiosa.
Duerme, amor mío,
en paz y con las trenzas de mi poesía.
Vuelan las palomas.
Se posan las palomas.

- He visto abril en el mar.
He dicho: has olvidado la vigilia de tus manos,
los cánticos en mis heridas.
¿Cuántas veces puedes nacer en mi sueño
y matarme para que grite: "te amo"
y tú descanses?
Te llamo antes de las palabras
y vuelo en tu cintura antes de llegar hasta ti.
¿Cuántas veces puedes posar las direcciones de mi alma
en los picos de estas palomas
y desaparecer, como el horizonte en las laderas,
para que yo sepa que eres Babel, Egipto y Siria?

Vuelan las palomas.
Se posan las palomas.

¿Adónde me llevas, amor mío, lejos de mis padres,
de mis árboles, de mi pequeño lecho y de mi inquietud,
de mis espejos, de mi luna, de la alacena de mis días y de mis noches en vela,
de mi ropa y de mi pudor?
¿Adónde me llevas, amor mío, adónde?
En mi oído, abrasas los desiertos, me cargas con dos olas,
quiebras dos costados, me bebes, me enciendes y
me abandonas en el camino del viento hacia ti.
Piedad... piedad.

Vuelan las palomas.
Se posan las palomas.

- Mi cintura se desangra porque te amo.
Huyo de dolor en las noches agrandadas por mi temor.
Ven a menudo y auséntate brevemente.
Ven brevemente y auséntate a menudo.
Ven sin parar, ah, de un paso inmóvil.
Te amo porque te deseo, porque te deseo.
Tomo un puñado de este rayo cercado por las abejas y la rosa fugaz.
Te amo, maldición de los sentimientos.
Tengo miedo de ti por mi corazón, miedo de que mi deseo se realice.
Te amo porque te deseo.
Te amo, cuerpo que crea los recuerdos y los mata antes de se completen.
Te amo porque te deseo.
Modelo mi alma a la imagen de dos pies, de dos paraísos,
me rasco las heridas con las extremidades de tu silencio... y la tempestad.
Muero para que las palabras se sienten en tus manos.
Vuelan las palomas.
Se posan las palomas.

- El agua me hiere porque te amo,
los caminos del mar me hieren,
la mariposa
y la llamada a la oración en la luz de tus brazos me hieren,
amor mío. Te llamo en mi sueño, temiendo la atención de las palabras,
temiendo que descubran a la abeja llorando entre mis muslos.
La sombra de las lámparas me hiere porque te amo,
un pájaro en el cielo lejano y el perfume de violeta me hieren.
El comienzo del mar
y su fin me hieren.
Ojalá no te amara,
no amara,
para que se curase el mármol.

Vuelan las palomas.
Se posan las palomas.

Te veo y me libro de la muerte. Tu cuerpo es un puerto
con diez azucenas blancas y diez dedos. El cielo va
hacia su azul extraviado
y yo retengo este brillo marmóreo, el perfume de la leche oculta
en dos melocotones sobre el mármol y adoro a quien otorga a la tierra y al mar un refugio
en la ribera de la sal y la miel primeras. Beberé el néctar de algarroba de tu noche
y me dormiré
sobre un trigo que rompe el campo, rompe hasta el grito que se oxida.
Te veo y me libro de la muerte. Tu cuerpo es un puerto.
¿Cómo me exilia la tierra en la tierra?
¿Cómo se duerme el sueño?

Vuelan las palomas.
Se posan las palomas.

Tengo miedo, amor mío, del silencio de tus manos.
Frota mi sangre para que se duerma el caballo.
Amor mío, las mujeres de los pájaros vuelan hacia ti.
Tómame como aliento o esposa.
Amor mío, permaneceré aquí para que maduren en tus manos los pistachos de mis senos,
para que los guardias me arranquen de tus pasos.
Amor mío, te lloraré
porque eres el tejado de mi cielo
y mi cuerpo es tu tierra en la tierra
y tu morada.

Vuelan las palomas.
Se posan las palomas.

En el puente, he visto la Andalucía del amor y del sexto sentido
sobre una rosa marchita.
Le ha devuelto su corazón
y ha dicho: el amor me exige que no ame.
Exige que le ame.
La luna se ha dormido
sobre un anillo que se rompe.
Las palomas han volado.

En el puente, he visto la Andalucía del amor y del sexto sentido
sobre una lágrima desesperada.
Le ha devuelto su corazón
y ha dicho: el amor me exige que no ame.
Exige que le ame.
La luna se ha dormido
sobre un anillo que se rompe,
las palomas han volado
y la noche negra se posa en el puente de los amantes.

Vuelan las palomas.
Se posan las palomas.

TENEMOS DERECHO A AMAR EL OTOÑO



Tenemos derecho a amar el final de este otoño y a preguntarle:
¿Hay espacio en el campo para un otoño nuevo, mientras tendemos sobre él nuestros cuerpos carbonizados?
Un otoño que abate sus hojas de oro. ¡Ah, si fuéramos hojas de higuera, hierba abandonada
para revelar la diferencia entre las estaciones! ¡Ah, si no nos hubiéramos despedido del sur de los ojos para preguntar
lo que preguntaron nuestros padres cuando se lanzaron sobre las puntas de las lanzas! Tal vez la poesía y la plegaria se apiadaran de nosotros.
Tenemos derecho a enjugar la noche de las mujeres hermosas, a hablar de lo que
acorta la noche de dos extraños esperando la llegada del norte a la brújula.
Otoño. Tenemos derecho a aspirar el perfume de este otoño y pedirle a la noche un sueño.
¿Puede enfermar un sueño como los soñadores? Otoño, otoño. ¿Puede nacer un pueblo sobre una guillotina?
Tenemos derecho a morir como queramos, para que la tierra pueda ocultarse en una espiga.

EL INVIERNO DE RITA



Rita ordena la noche de nuestra habitación: queda
poco vino
y estas flores son más grandes que mi cama.
Abre la ventana para que se perfume la hermosa noche.
Posa, allí, una luna en la silla. Coloca,
encima, el lago en torno a mi pañuelo para que las palmeras se eleven
cada vez más.
¿Te has vestido de otra? ¿Te ha habitado otra mujer
para sollozar así, cada vez que tus ramas enlazan mi tronco?
Frótame los pies y frota mi sangre para que conozcamos lo que
las tempestades y los torrentes han dejado como legado
de ti y de mí...

Rita duerme en el jardín de su cuerpo.
Sobre sus uñas, las moras del bosque iluminan la sal en
mi cuerpo. Te quiero. Dos pájaros se han dormido bajo mi mano...
la ola del noble trigo se ha dormido sobre su pausada respiración,
una rosa roja se ha dormido en el vestíbulo,
la noche breve se ha dormido
y el mar se ha dormido frente a mi ventana, al ritmo de Rita,
asciende y desciende en los rayos de su pecho desnudo. Duerme
entre tú y yo, y no cubras la profunda penumbra del oro entre nosotros.
Duerme con una mano en torno al eco
y la otra esparciendo la soledad de los bosques, duerme
entre la camisa pistacho y la silla limón, duerme
cual caballo en las banderas de la noche de su boda...

El relincho cesa
y cesan las colmenas de abejas en nuestra sangre. ¿Estaba allí
Rita? ¿Estábamos juntos?
Rita partirá dentro de unas horas dejando su sombra
cual celda blanca. ¿Dónde nos encontraremos?
Pregunta a sus manos, y yo miro a la lejanía.
El mar está detrás de la puerta y el desierto está detrás del mar. Bésame en
los labios, dice. ¡Oh, Rita!, le respondo. ¿Partiré de nuevo,
teniendo uvas y un recuerdo, abandonado por las estaciones
entre el signo y la expresión, como una idea?
¿Qué dices?
Nada, Rita, imito al héroe de una canción
sobre la maldición del amor asediado por espejos...
¿De mí?
Y de dos sueños en una almohada que se cruzan y huyen. Uno
saca un cuchillo y el otro confía los mandamientos a la flauta.
No comprendo el significado, dice ella.
Ni yo, mi lenguaje está hecho de fragmentos
semejantes a la salida de una mujer del sentido, y los caballos se suicidan
al final del hipódromo.

Rita bebe el té matutino
y pela la primera manzana con sus diez lirios.
Me dice:
No leas ahora el periódico, los tambores son los tambores
y la guerra no es mi oficio. Yo soy yo. ¿Tú eres tú?
Yo soy
el que te ve cual gacela arrojándole sus perlas,
el que ve a su deseo corriendo tras de ti cual torrente,
el que nos ve perdidos en unicidad sobre la cama
y en divergencia, como el saludo de los desconocidos en el puerto. El exilio nos lleva
en su viento, cual hoja, y nos arroja en los hoteles de los extranjeros
como cartas leídas deprisa.
¿Me llevarás contigo?
Seré el anillo de tu corazón desnudo. ¿Me llevarás contigo?
Seré tu traje en países que te han procreado para derribarte,
seré un cofre de hierbabuena que portará tu muerte
y tú serás mío, vivo o muerto.
El guía se ha perdido, Rita,
y el amor, como la muerte, es una promesa sin devolución ni caducidad.

Rita me prepara el día
cual perdiz que se aduja en sus zapatos de tacón alto.
Buenos días, Rita,
y nubes azules para los jazmines de tus axilas.
Buenos días, Rita,
y frutas para la luz del alba. Rita, buenos días.
Rita, retórname a mi cuerpo para que las agujas
de los pinos reposen un momento en mi sangre abandonada. Siempre que
abrazo a la torre de marfil, huyen de mis manos dos palomas.
Ella dice: regresaré cuando los días y los sueños cambien, Rita. Es largo
este invierno y nosotros somos lo que somos. No tomes mis palabras para decir: yo soy
la que viéndote colgado en el recinto, te bajó y te vendó las heridas.
Con sus lágrimas te lavó, antes de esparcir sus azucenas sobre ti,
y pasaste entre las espadas de sus hermanos y la maldición de su madre. Yo soy ella.
¿Pero tú eres tú?

Rita se levanta
de mis rodillas, visita a sus adornos y se recoge el pelo con una mariposa
de plata. La cola de caballo acaricia las pecas esparcidas
como intensas gotas de luz sobre el mármol femenino. Rita cose
el botón de la camisa mostaza. ¿Eres mío?
Soy tuyo, si dejas la puerta abierta sobre mi pasado. Yo tengo
un pasado que veo ahora naciendo de tu ausencia,
del chirrido del tiempo en la cerradura de esta puerta. Tengo
un pasado que veo, posado como la mesa, junto a nosotros,
tengo la espuma del jabón,
la miel salada,
el rocío
y el jenjibre.
Para ti, si quieres, los ciervos, las llanuras,
y las canciones, si quieres, para ti las canciones y las sorpresas.
Yo he nacido para amarte,
caballo que hace bailar a un bosque y en el coral surca tu ausencia.
He nacido dama para su caballero. Tómame para que te escancie
un vino definitivo, para curarme de ti en ti. Dame tu corazón:
he nacido para amarte.
He dejado a mi madre en los antiguos salmos maldiciendo al mundo y a tu pueblo
y he encontrado a los guardianes de la ciudad entregando tu amor al apetito del fuego.
He nacido para amarte.

Rita casca las nueces de mis días y los campos se ensanchan.
Esta tierra pequeña se reduce para mí a una habitación en una calle
en el piso bajo de un edificio en la montaña
que se asoma a la brisa del mar. Tengo una luna color vino, una piedra pulida,
una parte del espectáculo de las olas viajando por las nubes, una parte
del libro del Génesis, del libro de Job y de
la fiesta de la cosecha, una parte de lo que he poseído y del pan de mi madre.
Tengo una parte de la azucena de los valles en los versos de los enamorados antiguos.
Tengo mi parte de la sabiduría de los enamorados: la víctima ama el rostro de su asesino,
si cruzas el río, Rita.
¿Y dónde está el río? Dice ella.
En ti y en mí hay un único río, le respondo,
y de mí fluye sangre y memoria.
Los guardianes no me han dejado una puerta para entrar. Me apoyo en el horizonte
y miro hacia abajo,
hacia arriba
alrededor
y no encuentro
horizonte para mirar. No encuentro en la claridad sino mi mirada
dirigiéndose hacia mí y le digo: regresa de nuevo a mí, y yo quizás vea
un horizonte que un mensajero restaura

con una carta de dos breves palabras: tú y yo,
una pequeña alegría en una cama estrecha, una alegría mínima.
Todavía no nos han matado, Rita, ¡qué pesado es este invierno, Rita,
y qué frío!

Rita canta sola
a las cartas de su lejano exilio nórdico: he dejado a mi madre sola
junto al lago, sola, llorando mi infancia lejana tras ella,
y todas las noches duerme sobre mi pequeña trenza.
Madre, he roto mi infancia y me he convertido en una mujer que cría a su pecho
en los labios del amado. Rita gira sobre Rita sola:
no hay tierra para dos cuerpos en un cuerpo y no hay exilio para el exilio
en estas habitaciones pequeñas. La salida es la entrada.
En vano cantamos entre dos precipicios. Partamos para que aparezca el camino.
No puedo, ni yo -dice ella sin decirlo,
y calma a los caballos en su sangre: ¿vendrá la golondrina
de una tierra lejana, oh extraño y amado, a tu jardín solitario?
Llévame a una tierra lejana.
Llévame a la tierra lejana, solloza Rita, ¡qué largo
es este invierno!
Y rompe la porcelana del día en la reja de la ventana,
posa su pequeño revólver en el borrador del poema,
arroja las medias en la silla y se rompe el zureo.
Ella parte, descalza, hacia lo desconocido y la hora de mi partida llega.

16.1.09

GIOVANNA POLLAROLO. Biografía





Giovanna Pollarolo estudió Literatura y Lingüística en la Pontificia Universidad Católica
Lima, Perú, donde también ejerció la docencia, así como en la Universidad del Pacífico.
editora de la revista DEBATE entre los años 1994 y 2000.
Ha publicado Huerto de los olivos (1996, poesía), Entre mujeres solas (1991, 1996, 20
poesía), La ceremonia del adiós (1999, poesía) y Atado de nervios (1999, relatos).
También ha escrito los guiones Ciudad de M. (1995) y Tinta roja (2000). Es co-guionista
Augusto Cabada de La boca del lobo (1988) y de Caídos del cielo (1990) y con Enri
Moncloa de No se lo digas a nadie (1996) y de Pantaleón y las visitadoras (1998).

TODAS SE LLAMAN MARÍA




No quisiste humillar tu cabeza
ni mostrar tus lágrimas,
tampoco cambiar de vestido
cubrir tu cuerpo de cenizas
llevar un cilicio cuarenta días
en la cintura
para pagar tu culpa en pública penitencia.
Por todo ello, ¡he aquí!, me ha dicho Isaías
que te diga de parte de Dios:
no he oído tu oración ni he visto tus lágrimas
no te libraré de tus enemigos
tampoco te protegeré.
Temerás espantos nocturnos
los asaltos de las tinieblas en pleno día.
No mandaré ?dice Jeremías que Él ha dicho-
mis ángeles cerca de ti
para que te guarden en todos tus caminos.
No te llevarán en sus manos
tu pie
-y he temblado por ti al escucharlo-
tropezará en cada piedra.

MIÉRCOLES DE CENIZA



No quisiste humillar tu cabeza
ni mostrar tus lágrimas,
tampoco cambiar de vestido
cubrir tu cuerpo de cenizas
llevar un cilicio cuarenta días
en la cintura
para pagar tu culpa en pública penitencia.
Por todo ello, ¡he aquí!, me ha dicho Isaías
que te diga de parte de Dios:
no he oído tu oración ni he visto tus lágrimas
no te libraré de tus enemigos
tampoco te protegeré.
Temerás espantos nocturnos
los asaltos de las tinieblas en pleno día.
No mandaré ?dice Jeremías que Él ha dicho-
mis ángeles cerca de ti
para que te guarden en todos tus caminos.
No te llevarán en sus manos
tu pie
-y he temblado por ti al escucharlo-
tropezará en cada piedra.

EL LLEGÓ CON LA LUNA


La noche era clara
el mar calmado y azul.
Esa noche la luna se mostró entera
sin la sombra de ninguna nube;
eran las doce
y nuestros cuerpos proyectaban sombras
como si estuviera amaneciendo.
Mirábamos el cielo, el mar, la arena
a cincuenta metros se distinguía
cada roca
cada ola punto de reventar
hasta las botellas y las latas vacías de cerveza
abandonadas en la orilla.
Milagro de milagros
amanecía en plena noche
y él acababa de llegar.
Me dio un beso, bebimos, bailamos.
Bendije, entonces, mis peregrinajes
a la cruz
el conjuro de la bruja
experta en amores
mis avemarías
el mismo deseo tres veces repetido
que formulé ante la luna nueva
cada noche.
Pero él, acabada la fiesta, se deshizo de mi abrazo
y dijo: no sé por qué he venido
no te amo,
no sé qué estoy haciendo aquí.
Y recordé la piedra que tiré al río
las noches sin luna,
mi falta de fe.

DESPUÉS DELOS 30



Dicen
que después de los 30 las mujeres envejecen pronto
malhumoradas
sufren de males jamás pensados
no se resignan
y sufren comparándose con la rosa marchita
pétalos caídos, belleza acabándose
o se resignan
y voltean los espejos
prefieren las veladas a media luz
huyen de las vidrieras
hasta de los charcos de agua
cuando hay luna llena.
Dicen que
después de los 30 las mujeres
aprenden a hacer el amor
y su ansiedad espanta
ávidas de orgasmos
ninfómanas
son suplentes en camas ajenas
mujeres fáciles
o se empiezan a secar
asqueadas y temerosas
de sus deseos (ávidos, urgentes)
les falta hombre comentan.
Putas o reprimidas
es a la larga lo mismo. Así dicen.

BIEN DIFÍCIL


Bien difícil es ser la musa de un poeta en estos tiempos
eres su mujer y él se aprovecha
de todas esas imágenes que lo asfixian
una casa una mujer unos hijos
y él hubiera querido alas
pero construyó una casa
lee el periódico y hace el amor durante el día
cada vez con menos entusiasmo
por las noches escribe
habla mal de ti
y cuando te encuentras en esos poemas
quisieras borrarlos porque a romperlos no te atreves
eres sólo la musa de un poeta
que no canta que se aburre
aunque después explique que no es por ti
eres apenas el pretexto para desencadenar viejos fantasmas
quizás hubieras querido ser la musa
de un poeta de otros tiempos
y aún esperas ese poema que un día soñaste
cuando no habían construido una casa.