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23.4.08

18.4.08

ODIO Y AMOR


El alma anhela amor: ley es del cielo;
y anhela aborrecer: ley de la tierra...
Odio y amor, indefinible anhelo,
que, del hombre infeliz, la historia encierra.
Infeliz yo no soy, mas que un desvelo,
una ilusión mi bienestar destierra.
¿Amaré a mi verdugo? Tengo miedo...
Odiar a mi ilusión... ¡Ah! no, no puedo!

Y ella acibara sin piedad mi vida;
es parte de mi ser que lo destroza;
gime el alma en sus brazos abatida
y sufre en el gozar: sufriendo goza.
No puedo amar esa ilusión mentida,
si la abandono, el corazón solloza;
ilusión: sufriré tu amor funesto;
más sabe que, al amarte, te detesto.

TU Y YO


Perfume de una flor que, al desprenderse,
ni una hoja de sus pétalos lastima;
tibio efluvio de luna de verano
que en el disco plateado se destila;
calor de una mirada de ternura
que atraviesa inocente unas pupilas;
roce de un alma que, buscando otra alma,
en sí misma sin ruido se desliza:
ese es tu aliento
cuando suspiras
Lágrima que oscilando sobre el alma,
se evapora al color del dolor mío;
rumor de oleaje que, en desierta orilla,
rueda mugiendo entre escarpados riscos;
ave que huye y, al volar llorando,
quiebra la rama en que dejó a sus hijos;
nota que, al desprenderse de una cuerda
deja al pobre laúd, temblando, herido:
eso, tan triste,
son mis suspiros.

TABARÉ Fragtos. TABARÉ- INTRODUCCIÓN


I
Levantaré la losa de una tumba;

E internándome en ella,

Encenderé en el fondo el pensamiento

Que alumbrará la soledad inmensa.

Dadme la lira, y vamos: la de hierro,

La más pesada y negra;

Esa, la de apoyarse en las rodillas,

Y sostenerse con la mano trémula,

Mientras azota el viento temeroso

Que silba en las tormentas,

Y, al golpe del granizo restallando,

Sus acordes difunde en las tinieblas;

La de cantar sentado entre las ruinas

Como el ave agorera;

La que arrojada al fondo del abismo,

Del fondo del abismo nos contesta.

Al desgranarse las potentes notas

De sus heridas cuerdas,

Despertarán los ecos que han dormido

Sueño de siglos en la oscura huesa;

Y formarán la estrofa que revele

Lo que la muerte piensa;

Resurrección de voces extinguidas,

Extraño acorde que en mi mente suena.
II
Vosotros, los que amáis los imposibles,

Los que vivís la vida de la idea;

Los que sabéis de ignotas muchedumbres.

Que los espacios infinitos pueblan,

Y de esos seres que entran en las almas

Y mensajes les revelan,

Desabrochan las flores en el campo,

Y encienden en el cielo las estrellas;

Los que escucháis quejidos y palabras

En el triste rumor de la hoja seca,

Y algo más que la idea del invierno

Próximo y frío a vuestra mente llega,

Al mirar que los vientos otoñales

Los árboles desnudan, y los dejan

Ateridos, inmóviles, deformes,

Como esqueletos de hermosuras muertas;

Seguidme hasta saber de esas historias

Que el mar y el cielo y el dolor nos cuentan;

Que narran el ombú de nuestras lomas,

El verde canelón de las riberas,

La palma centenaria, el camalote,

El ñandubay, los talas y las ceibas:

La historia de la sangre de un desierto,

La triste historia de una raza muerta.

Y vosotros aún más, bardos amigos,

Trovadores galanos de mi tierra,

Vírgenes de mi patria y de mi raza

Que templáis el laúd de los poetas;

Seguidme juntos a escuchar las notas

De una elegía que en la patria nuestra

El bosque entona cuando queda solo,

Y todo duerme entre sus ramas quietas;

Crecen laureles, hijos de la noche,

Que esperan liras para asirse a ellas,

Allá en la oscuridad en que aún palpita

El grito del desierto y de la selva.
III
¿Extraña y negra noche? ¿Dónde vamos?

¿Es cielo ésto o tierra?

¿Es lo de arriba? ¿Lo de abajo? Es lo hondo,

Sin relación, ni espacio, ni barreras.

Sumersión del espíritu en lo obscuro,

Reino de las quimeras,

En que no sabe el pensamiento humano

Si desciende, o asciende, o se despeña,

El caos de la mente que pujante

La inspiración ordena;

Los elementos vagos y dispersos

Que amasa el genio y en la forma encierra.

Notas, palabras, llantos, alaridos.

Plegarias, anatemas.

Formas que pasan, puntos luminosos,

Gérmenes de imposibles existencias:

Vidas absurdas en eterna busca

De cuerpos que no se encuentran,

Días y noches en estrecho abrazo,

Que espacio y tiempo en que vivir esperan;

Líneas fosforescentes y fugaces,

Y que en los ojos quedan

Como estrofas de un himno bosquejado,

O gérmenes de auroras o de estrellas;

Colores que se enfunden y repelen

En inquietud eterna,

Ansias de luz, primeras vibraciones

Que no hayan ritmo, no dan lumbre, y cesan;

Tipos que hubieran sido y no fueron

Y que aún el ser esperan,

Informes creaciones, que se mueven

Con una vida extraña e incompleta.

Proyectos, modelados por el tiempo,

De razas intermedias;

Principios sutilísimos que oscilan

Entre la forma errante y la materia;

Voces que llaman, que interrogan siempre

Sin encontrar respuesta;

Palabras de un idioma indefinible

Que no han hablado las humanas lenguas;

Acordes que, al brotar, rompen el arpa,

Y en los aires revientan

Estridentes, sin ritmo, como notas

De mil puntos dispersos que se encuentran,

Y se abrazan en vano sin fundirse,

Y hasta esa misma repulsión ingénita

Forma armonía, pero rara, absurda,

Música indescriptible, pero inmensa;

Rumor de silenciosas muchedumbres,

Tumultos que se alejan...

Todo se agita en ronda atropellada,

En esta oscuridad que nos rodea;

Todo asalta en tropel al pensamiento,

Que en su seno penetra

A hacer inteligente lo confuso,

A enfrentar lo que huye y se rebela;

A consagrar el ritmo y el sonido

La dulce unión eterna,

La del color y el alma con la línea

De la palabra virgen con la idea.

Todo brota en tropel, al levantarse

La poderosa piedra,

Como bandada de aves que chirriando

Brota del fondo de profunda cueva;

Nube con vida que, cobrando forma

Variables y quiméricas,

Se contrae, se alarga y se revuelve

Por sí misma empujada en las tinieblas.

Allí cuajó en mí mente, obedeciendo

A una atracción secreta

Y entre risas y llantos, y alaridos,

Se alzó la sombra de la raza muerta;

De aquella raza que pasó desnuda

Y errante por mi tierra,

Como el eco de un ruego no escuchado

Que, camino del cielo, el viento lleva.

Tipo soñado, sobre el haz surgido

De la infinita niebla;

En sueño de una noche sin aurora,

Flor que una tumba alimentó en sus grietas;

Cuando veo tu imagen impalpable

Encarnar nuestra América,

Y fundirse en la estrofa transparente,

Darle su vida, y palpitar en ella;

Cuando creo formar el desposorio

De tu ignorada esencia

Con esa forma virgen, que los genios

Para su amor o su dolor encuentran;

Cuando creo infundirte, con mi vida,

El ser de la epopeya

Y legarte a mi patria y a mi gloria

Grande como mi amor y mi impotencia;

El más hábil contacto de las formas

Desvanece tu huella,

Como el contacto de la luz, se apaga

El brillo sin color de las luciérnagas.

Pero te vi. Flotabas en lo oscuro,

Como un jirón de niebla;

Afluían a ti, buscando vida,

Como a su centro acuden las moléculas.

Líneas, colores, notas de un acorde

Disperso, que frenéticas

Se buscaban en ti; palpitaciones

Que en ti buscaban corazón y arterias;

Miradas que luchaban en tus ojos

Por imprimir su huella,

Y lágrimas y anhelos esperanzas

Que en tu alma reclamaban existencia:

Todo lo de la raza: lo inaudito,

Lo que el tiempo dispersa,

Y no cabe en la forma limitada,

Y hace estallar la estrofa que lo encierra.

Ha quedado en mi espíritu tu sombra,

Como en los ojos quedan

Los puntos negros de contornos ígneos

Que deja en ellos una lumbre intensa...

¡Ah! no, no pasarán, como la nube

Que el agua inmóvil en su faz refleja;

Como esos sueños de la media noche

Que en la mañana ya no se recuerdan:

Yo te ofrezco, ¡oh ensueño de mis días!

La vida de mis cantos, que en la tierra

Vivirán más que yo... ¡Palpita y anda,

Forma imposible de la estirpe muerta!

JUAN ZORRILLA DE SAN MARTÍN


El poeta de la Patria nació en Montevideo el 28 de diciembre de 1855 y falleció el 3 de noviembre de 1931 a poco de cumplir sus 76 años de edad. Se formó en un hogar religioso y fue educado en el extranjero recibiendo una formación filosófica y literaria de carácter humanística.
En primeras nupcias se casó con Elvira Blanco con quien tuvo seis hijos, a pocos años de la muerte de ésta, contrajo enlace con su hermana, Concepción Blanco, quien le diera diez hijos. Hoy su descendencia alcanza casi las 800 personas.
Juan Zorrilla de San Martín fue autor de varias obras literarias, entre ellas “Tabaré”, epopeya indígena americana, “La Leyenda Patria” y la “Epopeya de Artigas” donde plasma su amor a ala Patria y a la figura de nuestro Prócer. Orador de arrebatada elocuencia, filósofo y sociólogo que mantuvo sus doctrinas sin desmayos, diplomático en España, Francia y la Santa Sede. Doctor en Derecho y gran periodista, fue un hombre de fe que sirvió con abnegación a su causa.
Su casa enclavada frente a las rocas y el mar en Punta Carretas, es como dijera el Poeta “Toda mi vida está entre estas cuatro paredes, aquí están mis recuerdos de familia y el fruto de mis esfuerzos”.
Erigida en 1904, en una zona despoblada bañada por la brisa del mar y cubierta por la sombra de los ombúes silvestres, el Poeta la rodeó de un hermoso jardín con rosales, jazmines del país, madreselvas y cedrón así como dalias, aluzenas, tomillo, malvarrosa y albahaca y de variadas especies de pájaros y animales domésticos.
En 1921 se hizo la última transformación dirigida por su hijo el escultor, José Luis, quien diseñó el actual comedor con la chimenea que lleva labrado en su parte superior el escudo de los Zorrilla de San Martín donde figura el lema “velar se debe la vida de tal suerte que viva quede en la muerte”.
En 1942, esta casa se transformó en Museo y pasó a depender del Ministerio de Educación y Cultura, formando parte de una de las casas históricas pertenecientes al Museo Histórico Nacional de Uruguay.
La Comisión de Amigos del Museo Zorrilla recuperó el hogar del Poeta tratando de respetar su amor por este lugar y construyó una moderna sala donde se realizan eventos culturales que hacen de este museo la “casa abierta” que siempre tuvo Don Juan Zorrilla de San Martín.

16.4.08

SI NUNCA HUBIESE ESCRITO NADA


Si nunca hubiese escrito nada, toda escritura sería nueva, posibilidad inmediata, registro único, aliento iniciático. Si nunca hubiese escrito nada, ahora mismo estaría inaugurando la escritura de cara al abismo. Las cuatro de la mañana y sus brazos pegados al reloj de la pared sobre el umbral, mientras bebo un sorbo de leche caliente tratando de pegotear el alma. Éstas serían otras cuatro de la mañana y el día que va a ser sería inauguración, aliento, soplo, respiro, privilegio de vida, estreno iniciático de un aire volador con cuerpo de niño eterno y espíritu de niño eterno.
Si nunca hubiese escrito podrían volar los volantines de papel y el viento silbar versos de sueños y elevar espantadas las montañas como nubes frágiles sobre las nieves eternas de la nada y su cara vacía de juguete roto… y esa cara vacía se llenaría de palabras como si la escritura fuera todo y la palabra fuera el mundo y la frase, el universo, y Dios, el poema.
Si nunca hubiese escrito qué fáciles saldrían estas palabras. Felicidad sería aire, aroma sería aire, puerta sería aire, risa sería también un aire airoso y fino como el ojo del mar que se abre después de la última ola y la última ola que apenas abre su ojo ya sin sueño sería el sueño y el ojo sería el horizonte que empieza a pintarse sobre otro horizonte que ya se tiñe del cálido color de la palabra que lo crea.
Si nunca hubiese escrito, esta palabra que corre sobre la hoja apareciendo y desapareciendo sería la luna entre los matorrales de una niñez imborrable, mostrándose y escondiéndose, turbando al ojo niño que la corre y la sigue y se para y la luna también se detiene con sus ojos de niño que palidece cuando la mira ese otro ojo travieso que descubre que es ojo el ojo y luna la luna.
Si nunca hubiese escrito, qué descubrimiento, Dios mío, el de esta hora.
Todo nombre sería nombre y sería nuevo. ¿Qué sería Dios, mi Dios? ¿Qué sería yo?
¿Qué sería palabra, frase y verso en esta palabra que se respira sola y es su propio aire?
¿Qué metáfora se colgaría de los árboles para que aquellos florecieran?
¿Cómo madurarían los tomates hasta volverse rojos?
¿Cómo verde su mata?

Y el pájaro con alas de música radiante
¿qué nombre llevaría para volar ligero como su ala?

Si nunca una línea de tren hubiera sido pentagrama
Si nunca la piedra hubiera sido voz
Si nunca el ronco sonido de la noche hubiera sido calma
Si nunca el caballo corredor hubiera soñado con las nubes y el mar
Si nunca el ritmo leve de la hoja que cae
hubiera descubierto el ritmo de otra hoja
Si nunca el ardor y el dolor hubieran golpeado el alma
como una frágil calamina azotada
Si nunca la playa se hubiese escrito
y todos reunidos en la orilla
no supiéramos cómo empezar a nombrarla

Si de pronto el pellejo translúcido del cielo se sacara la máscara.

¡Qué regalo, mi Dios!

TEXTO SOBRE TEXTO


1
Texto soy
Sólo texto y su sombra
Me descubro y me pierdo
Me pierdo y me reencuentro
Zozobro en estos signos
En su cábala eterna

Ay de mí que no soy
Más que pobre palabra
Y ver es sólo un verbo
Que se muere de pena

2
Escribo recoveco
Para encontrar la luz
Escribo mano
Ejercito la pluma
En el antiguo oficio
De creerse y crearse
Para volver a creer.

3
Escribo oscuro, oscuro, oscuramente
Sin luz, a solas siempre
Enclaustrado en mí mismo
Escribo para ser
Recreo la escritura
Como parafraseando la palabra palabra
Se me traban la lengua
El lápiz, el lenguaje
Se oscurece de pronto
La ranura de luz
Y ésa es toda la luz
Y es puro el aire.

4
Escribo texto
Base, fondo, pilar
Cemento, promontorio
La ranura de luz
¿Dónde hallar la ranura?

5
Escribo en mi inconsciente
Me escribo sobre mí
Esta pura palabra
Translúcida, invisible
Corro como una abeja sobre el cuerpo del aire
Soy aire y soy abeja.

6
Escribo
Casi siempre
Preguntando por mí.

7
¿Qué hacer con la palabra
Si ella es tu propio rostro en el espejo?

8
¿Qué hacer con la palabra
Si el rostro del espejo
Hace un guiño y se aleja hacia hacia otro cuarto?

9
¿Qué hacer con la palabra
si es lo único que queda en la alcancía
y no acepta las leyes del mercado?

10
Escribo mes, ojo, cruz
Escribo dios
Escribo semana
Negación, pasado
Escribo día, aleteo
Escribo canción
Escribo ahora

Ahora escribo
Que escribo ahora
En este ahora
Escribo cargado de tiempo
Atrapado por las palabras.

11
Rasguño la hoja blanca
La hoja de piedra blanca
Hasta hacerla sangrar.

12
Escribo música, violín, nota, concierto
Escribo armonía
Deletreo coro, cántico, palabra
Escribo hijo
Y se me hace palabra
A punto de nacer.

SI HOY ESTUVIERA YO CONMIGO MISMO


Si hoy estuviera yo conmigo mismo
y este yo aquí escribiendo fuera yo
el mismo yo que piensa y mira y mide
este papel rayado
¿qué sería el papel y el blanco donde escribo?
Todo es hoja y palabra
Esta letra que inscribe la canción de ser yo
es pila, baptisterio
pura agua transparente cayendo en chorro abierto

es el cielo en su hondura
que recibe la letra
y el ojo que me mira es la letra que escribo
o la otra que borro
que tanto tropezar en el borde carajo de la página
no hay página ni hay nada.

Todo es letra, señor
pura letra que fija sus contornos difusos
y es el alma que canta
y descubre sus pechos de chica de Playboy
y es el alma que tienta
y crea los contornos
de la pobre palabra cenicienta.

Si hoy estuviera yo conmigo mismo
y me dijera a mí
¿qué palabra eres tú que no contestas?
Sólo sería silencio
Tal vez, quizás, silencio.

URGENCIA


En el papel la sombra de la mano
Los dedos encogidos estrujando esta pluma
No paro hasta que pare la última palabra
Ahogada en esa tinta de su vientre de plástico

Sólo sombras de sombras las sombras de esta sombra
Sombra la sombra de la mano sobre el témpano enorme
Sombra la sombra de esta pluma que respira en silencio
Sombra la sombra de la tinta que parece un ayer
Sombra las letras delineadas por la sombra de mano que las guía
Sombra de voz la voz que nunca fue ni trino ni gorjeo
Sombra de ayer el ayer que nos recuerda al verbo sin ropaje
Sombra de trino el trino que llega hasta mi mesa
De la sombra de patio donde apenas gorjea
Esa sombra de pájaro que asombra
A este yo de palabras
Que es sombra de otras sombras
Tal vez la más sombría cuando caen las hojas
y esta sombra con ellas

TODO ES PRÓLOGO




Todo es prólogo de un libro que nunca comenzamos
La luz es prólogo del color
y éste prologa las sensaciones que reciben los ojos
Los ojos son prólogo de la mirada
y la mirada
es permanente prólogo del espacio que nos asombra
El asombro es prólogo de lo inesperado
y lo inesperado prologa inevitablemente
lo que todavía habrá de venir

Todo prólogo es prólogo de un libro que nunca comenzamos
Toda primera página es página que existe en la imaginación
La imaginación como el prólogo y las primeras páginas
son la esencia del mundo que habitamos.

CARLOS ALBERTO TRUJILLO. Biografía

























Carlos Alberto Trujillo es poeta y profesor universitario. Doctorado en Literatura por la Universidad de Pensilvania. Desde hace más de una década ejerce la docencia en la Universidad de Villanova, Estados Unidos. Fundador del Taller Literario Aumen y de varias revistas literarias en Chile y Estados Unidos. Entre los numerosos galardones que ha recibido por su poesía, obtuvo el Premio Pablo Neruda otorgado por la fundación homónima en 1991. Ha publicado Palabras, Lima: Alberto Chiri editor, 2005, Aumen: Antología Poética (1975-1988), Valdivia: Aumen, 2001; Todo es prólogo, New Jersey: Ediciones Nuevo Espacio, 2000; No se engañe nadie, no. Antología de sonetos y otros poemas de Lope sin Pega, Santiago: Mosquito, 1999; La hoja de papel, Santiago: Aumen, 1992; Mis límites. Antología personal 1974-1983, Santiago: Aumen, 1992; Los que no vemos debajo del agua, Santiago: Cambio, 1986; Los territorios, Ancud: Aumen/Cóndor, 1982; Escrito sobre un balancín, Ancud: Aumen/Fundechi, 1979, y Las musas desvaídas, Quillota: El Observador, 1977. Coautor de Caguach, Isla de la Devoción, Santiago: LAR, 1986, y Apuntes para un Diccionario de Chiloé, Santiago: Lautaro, 1978. Su poesía ha sido traducida parcialmente al inglés, al italiano, al ruso y al portugués y aparece en numerosas antologías en Chile y en el extranjero. Para su estudio se puede hallar importante información en Sergio Mansilla, El Paraíso Vedado. Ensayos sobre poesía chilena del contragolpe (1975-1995), European Press Acedemia Publishing, 2002; Jorge Torres (ed.) Por el territorio de los límites, Barba de Palo, 1996, y Zelda Brooks, Carlos Alberto Trujillo, un poeta del sur de Sudamérica, Potomac: Scripta Humanistica, 1992.

13.4.08

UMBRAL DE EXTRAVÍOS

Ya es viernes,
silenciada obertura de mi abismo,
sorda hoguera de mi voz.
Todo es viernes
en el desolado gesto de la lluvia,
pero ya no regresas
con tu ciega jornada
de hambres y de abrazos.

Ya no vienes
porque estás detrás,
muy detrás de la noche,
allá entre las inapelables
grietas del viento,
justo en este viernes,
gruta de todos los lutos.

Hoy es viernes,
copiosamente viernes,
desvalido salto de mi sangre,
umbral extraviado de Dios.
Pero tú ya no vienes
con tu antiguo júbilo
de clavel tiznado,
a desmoronarte fatigadamente
amada sobre mi pecho.

INVENTARIO NOCTURNO

Esto es tan sólo la noche:
mariposa en exilio
rodeándose de su fuego final.
Es la complicidad rota
de los sueños
entre la negra inercia del café.
Es sólo mi manía
de perder la mirada
entre los infinitos
ases del olvido.

Esto es sólo
el pálido error de cada noche
pulsando los silencios
como si fueran lágrimas.
Pero aquí no queda más llanto,
ésta es sólo una ínfima luna
cayendo signataria hacia el adiós.

Esto es simplemente la noche:
antigua apuesta
de pétalos derribados,
veladura de adioses,
viejo peso de brumas derrotadas.
Esto es sólo la noche:
pecado final de la lluvia
donde ya no haces falta,
ya no faltas tú.

INCITADA CUMBRE

Escucha.
que la lluvia se desgarra
presurosa contra las sábanas
sobre este ardor del aire,
ardor de entrega.

Escucha como creces
desde lo más oscuro del sudor.

Es tu voz que se corta,
-ajena flor del ansia-
en los íntimos ángulos de la humedad.
Es el deseo y su silabario de fuego,
como una redimida marejada
abriéndose desde tu vientre.

Es tu aliento, niebla amante.
Niebla atada a sus ritmos de flama,
acá entre nuestras bocas
suspendidas como mundos de sal.
Sí, escúchate, eres toda tú,
la brisa más próxima al amor,
abriendo mi torso
hasta tu más incitada cumbre.

LA INTACTA BREVEDAD

Has transitado de frente mi sangre,
tan aguda en tu relieve de niebla
que olvido habitarte sin herirme de amor.

Y es que tú siempre
irrumpes anónima en mi vientre,
con todas las llaves delatoras del beso.

Llegas con tu cuerpo desatado,
cómplice asidero del fuego,
y luego simplemente partes
con tu rostro de poema innecesario,
todavía creyéndote la intacta brevedad.

Pero aún me serás vital ante la noche,
como una trinchera ante la deuda de amarte,
como un utillaje de lloviznas
para retardar la aurora,
para penetrar tardíamente cada espejo
hacia donde no hayas huido todavía.

ALEXANDRE ALVARADO MADRIGAL. Biografía

Alexander Alvarado nació en Heredia, Costa Rica en 1978. En el año 2000 se graduó de la carrera de Bachillerato en Enseñanza del Inglés en la Universidad Nacional. En el año 2003 ingresa a la carrera de Filología Española en la Universidad de Costa Rica y en la actualidad cursa la carrera de Diseño Gráfico en la misma institución. Desde el año 2002 asiste a los talleres del Círculo de Poetas Costarricenses creado en 1961 por Jorge Debravo y Laureano Albán. Actualmente forma parte activa del Movimiento Literario Trascendentalista fundado en 1974. Es autor del poemario 'La Tregua Imposible', publicado en 2005. Actualmente prepara nuevos poemarios.

RESIGNACIÒN (Último poema de Safo)

Vosotras cuidad, hijas, de los dones hermosos de las Musas
de fragante regazo, y de la vibrante lira compañera del canto.
Pero mi piel que antes fue tan suave la sometió ya la vejez
y blancos se han vuelto mis negros cabellos de antaño.
Pesado se ha hecho mi ánimo, y no me sostienen las rodillas
que otro tiempo fueron tan ágiles como corzas en la danza.
De eso me lamento día tras día. ¿Pero qué puedo hacer?
Cuando se es humano, no es posible dejar de envejecer.
De Titono, en efecto, contaban que la Aurora de brazos de rosa,
inflamada de amor, lo raptó para llevarlo al confín de la tierra
porque era bello y joven. Mas de igual modo a él con el tiempo
lo atrapó la grisácea vejez, aun teniendo una esposa divina.


EN LA DISTANCIA

De veras, quisiera morirme.
Al despedirse de mí llorando,
me musitó las siguientes palabras:
"Amada Safo, negra suerte la mía.
De verdad que me da mucha
pena tener que dejarte." Y yo le respondí:
"Vete tranquila. Procura no olvidarte de mí,
porque bien sabes que yo siempre estaré a tu lado.
Y si no, quiero recordarte lo que tu olvidas:
cuantas horas felices hemos pasado juntas.
Han sido muchas las coronas de violetas,
de rosas, de flor de azafrán y de ramos de aneldo,
que junto a mí te ceñiste. Han sido muchos los
collares que colgaste de tu delicado cuello, tejidos
de flores fragantes por nuestras manos.
Han sido muchas las veces que derramaste

LA LUNA LUMINOSA...

I
La luna luminosa
huyó con las Pleyadas;
la noche silenciosa
ya llega a la mitad; la hora pasó, y en vela
sola en mi lecho, en tanto
suelto la rienda al llanto
sin esperar piedad.
II
Amor, que el pecho mío
continamente agita,
es dulce y es impío,
y es más que una avecita
volátil y ligero.
¡Ay! de su dardo fiero,
¿quién consiguió victoria?
Renueva, amada mía,
renueva la memoria
de cuando Atis ardía,
tu dulce amor odiaba
y a Andr6meda estimaba.
III
Desciende, Venus bella,
y en las doradas copas
con el suave néctar,
mezcla purpúreas rosas,
y a mis dulces amigos
que tu deidad adoran,
con divinal bebida
inspira y alboroza.
IV
Será tal vez hallada
simplecilla labriega,
si dulce amor hirióla
con su dorada flecha,
Amor el rapazuelo
de Venus Citerea,
que con su blanda mano
doma las bravas fieras.
Y la joven hermosa
nacida en la floresta,
siendo de amor tocada,
ya suaviza y templa,
las rústicas costumbres,
la esquivez de la selva,
plegando sus vestidos
con gracia y gentileza.
V
De los verdes manzanos
en las frondosas cimas,
con estruendoso ruido
las aguas se deslizan,
las puras frescas aguas
que el peñasco destila;
el delicioso estruendo
de las hojas movidas
del apacible viento
süave sueño inspira,
y con Venus hermosa
soñaba que dormía;
mas de las altas ramas,
del viento sacudida,
una roja manzana
de mi sueño me priva.
VI
Al Olimpo volara
si alitas yo tuviera,
cual cándida paloma,
y a Pafia la risueña
mis cuitas contara,
mis amorosas quejas,
y de allí a las alturas
de los montes viniera,
y enlazaran mis brazos
la causa de mi pena:
que el amor dulce amargo
con fiera violencia
mi corazón impele,
le arrebata y le lleva,
cual viento impetuoso
arranca por las selvas
en los excelsos montes
a las encinas gruesas.
VII
La graciosa doncella
en apartada estanza
pasa su edad florida
de delicias privada;
sus cuidadosos padres
dicen: -Amor la espanta,
allí vive contenta,
que no quiere de Pafia
las süaves caricias-;
mas, ¡ay!, niña cuitada,
que ya siente tu pecho
las amorosas llamas,
triste, cerrada y sola,
niña y enamorada.

VIII
Morirás, bella joven;
ni servirá ser bella,
ni quedará memoria
de ti sobre la tierra,
porque las frescas rosas
no has gozado de Pieria:
y así desconocida
irás a las cavernas
del horroroso Dite,
ni será quien te vea
cuando en las vanas sombras
des fugitivas vueltas.
IX
Alzad, alzad la casa,
artífices, que viene
el esposo gallardo,
que a Marte se parece:
al menos muy más alto,
muy más robusto y fuerte
que los más esforzados
que la ciudad contiene.
Todos de una vez toman
y de sus asas tienen
la gran Carkesia copa,
y libación ofrecen,
felicidad, delicias,
eternos, justos bienes,
al esposo desean,
y el dulce vino beben.
De todas las doncellas,
tu venturosa suerte
la más linda te ha dado,
ni hallarse otra tal puede:
la dulce joven bella,
por quien tú tantas veces
tiernos suspiros dabas,
hoy a tus brazos viene;
no envidies a los dioses,
si tu ventura entiendes.
X
Amor bulle en mi pecho
y sin cesar voltea
mi corazón amante
y acá y allá le lleva;
mis miembros desenlaza
su poderosa diestra,
y en viéndome rendido
ya me desprecia y vuela;
tiene sus lindas alas
cual ave, mas es fiera,
y dulce y apacible,
y de indomable fuerza.
Atis, de tu abandono
al crudo Amor te queja,
que en los ojos me abrasa
de Andrómeda la bella.
XI
Esperio, luz hermosa
de Venus la rosada,
que los tiernos deseos
y enamoradas ansias
benigna satisfaces,
tú conduces a casa
el delicioso fruto
que las almas encanta,
el manchado rebaño
de las ligeras Cabras,
y con su dulce madre
la niña que las guarda

HIMNO A AFRODITA

¡Oh, tú en cien tronos Afrodita reina,
Hija de Zeus, inmortal, dolosa:
No me acongojes con pesar y tedio
Ruégote, Cripria!
Antes acude como en otros días,
Mi voz oyendo y mi encendido ruego;
Por mi dejaste la del padre Jove
Alta morada.
El áureo carro que veloces llevan
Lindos gorriones, sacudiendo el ala,
Al negro suelo, desde el éter puro
Raudo bajaba.
Y tú ¡Oh, dichosa! en tu inmortal semblante
Te sonreías: ¿Para qué me llamas?
¿Cuál es tu anhelo? ¿Qué padeces hora?
-me preguntabas-
¿Arde de nuevo el corazón inquieto?
¿A quién pretendes enredar en suave
Lazo de amores? ¿Quién tu red evita,
Mísera Safo?
Que si te huye, tornará a tus brazos,
Y más propicio ofreceráte dones,
Y cuando esquives el ardiente beso,
Querrá besarte
Ven, pues, ¡Oh diosa! y mis anhelos cumple,
Liberta el alma de su dura pena;
Cual protectora, en la batalla lidia
Siempre a mi lado.

SAFO. Biografía

Poeta lírica griega cuya fama hizo que Platón se refiriera a ella dos siglos después de su muerte como la décima musa. Nació en la isla de Lesbos, probablemente en Mitilene. Aunque no se sabe mucho acerca de su vida, perteneció al parecer a una familia noble y fue contemporánea del poeta lírico Alceo, de quien se supone fue su amante, y de Stesichorus. También se dice que se casó con un hombre rico de la isla de Andros y que tuvo una hija llamada Cleis. Otra leyenda, que no merece credibilidad alguna, sostiene que, tras ser rechazada por el joven marino Faón, se arrojó desde un acantilado en Léucade (una isla de la costa occidental de Grecia). No se sabe cuando murió, pero en sus poemas de última época se describe a sí misma como una anciana que goza de una vida tranquila, pobre, en armonía con la naturaleza. Los fragmentos que hoy conservamos de sus poemas indican que Safo enseñó su arte a un grupo de mujeres jóvenes, con las que mantuvo una estrecha relación y para las que compuso sus odas nupciales cuando la abandonaron para casarse. El poeta Anacreonte (mediados del siglo VI a.C., es decir, una generación posterior a Safo), afirmaba, en referencia a este grupo, que Safo sentía un amor sexual por las mujeres; de ahí proceden los términos lesbianismo y safismo, que aluden a la homosexualidad femenina. Safo escribió nueve libros de odas, epitalamios o canciones nupciales, elegías e himnos, pero apenas se conservan algunos fragmentos de todos ellos. Entre estos destaca la Oda a Afrodita, citada por el erudito Dionisio de Halicarnaso en el siglo I a.C. En el siglo XX se descubrió un papiro con nuevos fragmentos de sus poemas. La poesía de Safo se caracteriza por la exquisita belleza de su dicción, su perfección formal, su intensidad y su emoción. Inventó el verso hoy conocido como oda sáfica (tres endecasílabos y un adónico final de cinco sílabas). Muchos poetas griegos posteriores asimilaron la influencia de Safo, en particular.

12.4.08

ELEGÍA DE LEYLA KHÁLED

Te rompieron la infancia, Leyla Kháled

Lo mismo que una espiga
o el tallo de una flor,
te rompieron
los años del asombro y la ternura,
y asolaron la puerta de tu casa
para que entrara el viento del exilio.

Y comenzaste a andar,
la patria a cuestas,
la patria convertida en el recuerdo
de un sitio que borraron de los mapas,
y dolía más hondo cada hora,
y volvía más triste del silencio,
y gritaba más fuerte en el castigo.

Y un día, Leyla Kháled, noche pura,
noche herida de estrellas, te encontraste
los campos, las aldeas, los caminos,
tatuados en la piel de la memoria,
moviéndose en tu sangre roja y viva,
llenándote los ojos de sed suya,
las manos y los hombros de fusiles,
de fiera rebeldía los insomnios.

Y comenzaron a llamarte nombres
amargos de ignominia,
y te lanzaron voces como espinas
desde los cuatro puntos cardinales,
y marcaron tu paso con el hierro
del oprobio.

Tú, sorda y ciega, en medio
de las ávidas zarpas enemigas,
ardías en tu fuego, caminante
de frontera a frontera,
escudando tu pecho contra el odio
con la incierta certeza del regreso
a la tierra luctuosa de que fueras
por mil manos extrañas despojada.

Te vieron los desiertos, las ciudades,
la prisa de los trenes, afiebrada,
absorta en tu destino guerrillero,
negándote al amor y los sollozos,
perdiéndote por fin entre la sombra.

Nadie sabe, no sé cuál fue tu rumbo,
si yaces bajo el polvo, si deambulas
por los valles del mar, profunda y sola,
o te mueves aún con la pisada
felina de la bestia que persiguen.

Nadie sabe. No sé. Pero te alzas
de repente en la niebla del desvelo,
iracunda y terrible, Leyla Kháled,
oveja en lobo convertida, rosa
de dulce tacto en muerte transformada.




NUEVA PRESENCIA

Venías de tan lejos como de algún recuerdo.

Nada dijiste. Nada. Me miraste los ojos.
Y algo en mí, sin olvido, te fue reconociendo.

Desde una azul distancia me caminó las venas
una antigua memoria de palabras y besos,

y del fondo de un vago país entre la niebla
retornaron canciones oídas en el sueño.

Mi corazón, temblando, te llamó por tu nombre.
Tú dijiste mi nombre... Y se detuvo el tiempo.

La tarde reclinaba su frente pensativa
en las trémulas manos de los lirios abiertos,

y a través de las nubes los pájaros errantes
abrían sobre el campo la página del vuelo.

Con los hombros cargados de frutas y palomas
interminablemente pasaba el mismo viento,

y en el instante claro de los bronces mi alma,
llena de ángelus, era como un sitio en el cielo.

Una vez, antes, antes, yo te había perdido.
En la noche de estrellas, o en el alba de un verso.

Una vez. No sé dónde... Y el amor fue, tan sólo,
encontrarte de nuevo

ESTE AMOR


Como ir casi juntos
pero no juntos,
como
caminar paso a paso
y entre los dos un muro
de cristal,
como el viento
del Sur que si se nombra
¡Viento del Sur! parece
que se va con su nombre,
este amor.

Como el río que une
con sus manos de agua
las orillas que aparta,
como el tiempo también,
como la vida,
que nos huyen viviéndonos,
dejándonos
cada vez menos nuestros
y más suyos,
este amor.

Como decir mañana
y estar pensando nunca,
como saber que vamos
hacia ninguna parte
y sin embargo nada
podría detenernos,
como la mansedumbre
del mar, que es el anverso
de ocultas tempestades,
este amor.

Este
desesperado amor.

ROMANCE EN BARRANQUILLA

Porque nació frente al alba
y en el sitio de la brisa,
le dieron un nombre claro
de flor o de lluvia fina.
Un nombre para decirlo
en medio de la sonrisa,
enamorados los ojos
y el corazón: ¡Barranquilla!
Porque nació frente al alba
¡y el alba es buena madrina!

Con lino de sol y sombra
tejieron años los días
y una mañana sin nubes
despertó moza la niña.

Con los cabellos al viento,
la dulce piel encendida,
y el andar sin descanso
tal aire de gallardía
que el alma de las palmeras
arrodillóse vencida...
Porque nació frente al alba
¡y el alba es buena madrina!

Breves jazmines alados
--casi de luz detenida--
crecen con gracia delgada
cuando sus pasos atisban...
La tarde cuida su gozo,
la noche su sueño cuida,
y ella se viste con seda
de flores amanecidas
sobre la cumbre del árbol
tan solo para vestirla...

Seda dorada del roble
con hebras de melodía,
seda de la acacia roja,
seda de las campanillas
que tienen fugaz el aire
y como el aire palpitan...
Rodea sus altas sienes
un vuelo de golondrinas
y abre jacintos de oro
su diestra mano clarísima.
Porque nació frente al alba
¡Y el alba es buena madrina!

El mar de gritos azules,
el mar del habla encendida,
le trae canciones remotas
y barcas de otras orillas.
El río, tenaz viajero,
con largo asombro la mira,
y le regala blancura
de garzas estremecidas
que suben a la comarca
donde la estrella se inicia.
Y el viento pirata, el viento
de clara estirpe marina,
le ciñe el talle redondo
con brazos de lejanía,
¡y se la lleva consigo
donde la tierra limita
con el batir de campanas
de la triunfal alegría!

Porque nació frente al alba,
y porque el alba madrina,
le dio aquel nombre que pide,
para decirlo, sonrisa...
El nombre que puede ser
de flor o de lluvia fina,
y que también lleva el Ángel
de júbilo: ¡Barranquilla!

SOLEDAD

Nada igual a esta dicha
de sentirme tan sola
en mitad de la tarde
y en mitad del trigal;
bajo el cielo de estío,
y en los brazos del viento,
soy una espiga más.

Nada tengo en el alma.
Ni una pena pequeña,
ni un recuerdo lejano
que me hiciera soñar...
Sólo tengo esta dicha
de estar sola en la tarde
¡con la tarde no más!

Un silencio muy largo
va cayendo en el trigo,
porque ya el sol se aleja
y ya el viento se va;
¡quién me diera por siempre
esta dicha indecible
de ser, sola y serena,
un milagro de paz!

MUERTE MIA

La muerte no es quedarme
con las manos ancladas
como barcos inútiles
a mis propias orillas,
ni tener en los ojos,
tras la sombra del párpado
el último paisaje
hundiéndose en sí mismo.

La muerte no es sentirme
fija en la tierra oscura
mientras mueve la noche
su gajo de luceros,
y mueve el mar profundo
las naves y los peces,
y el viento mueve estíos,
otoños, primaveras.

¡Otra cosa es la muerte!

Decir tu nombre una
y otra vez en la niebla
sin que tornes el rostro
a mi rostro, es la muerte.
Y estar de ti lejana
cuando dices "La tarde
vuela sobre las rosas
como un ala de oro".


La muerte es ir borrando
caminos de regreso
y llegar con mis lágrimas
a un país sin nosotros
y es saber qué pregunta
mi corazón en vano
por tu melancolía

Otra cosa es la muerte.

MEIRA DELMAR (Olga Chams Eljach). Biografía

Olga Chams Eljach, poeta colombiana nacida en Barranquilla en 1921, es
hija de padres oriundos de Líbano, Medio Oriente.Ha figurado bajo el seudónimo de Meira Delmar desde que algunas revistas cubanas publicaran sus primeros poemas. Hizo estudios en su ciudad natal en el Conservatorio Pedro Biava, en el cual fue luego profesora de Historia del Arte y Literatura, materias que cursó en Roma, Italia. La universidad atlanticense le confirió el doctorado «Honoris Causa» en letras, es miembro correspondiente de la «Academia Colombiana de la Lengua» y dirigió por muchos años la Biblioteca Pública del Atlántico.
Su poesía caracterizada por una dulce sensualidad, está contenida en los siguientes libros: «Alba del olvido», «Sitio del amor», «Verdad del sueño», «Secreta isla», «Reencuentro», «Laud memorioso», «Huésped sin sombra» y «Alguien pasa», entre otros.

ARENA


Nada hay aquí que se hermane con la piedra
De los templos enclavados en la roca viva
Cuya edificación comenzaba -relata Herodoto-
El día diez del segundo mes egipcio
Cuando las sagradas aguas del Nilo lo inundaban todo
De las pirámides orientadas hacia los cuatro Puntos Cardinales
Que erigieron cien faraones durante tres mil años
Con los bloques monumentales de las canteras de Arabia
Y que transportaron innumerables hombres
Sobre las hirvientes arenas del desierto
De los altos accesos y dinteles
De las columnas de augusto mármol
De los pasillos bajos que rendían reverencia a los reyes
En el Valle de los Muertos
De las tres pesadas compuertas que velaban
El sueño eterno del Faraón cuya cabeza descansaba
Hacia el Norte de la Tierra
De las hermosas piedras de granito rosa-siena
De la arenisca roja de Heliópolis
De las puertas de acacia laminadas en bronce
En cuyos símbolos reales se auguraba la eternidad
De los siglos insondables hoy perdidos en el tiempo
Nada hay aquí que se hermane con la piedra
Sólo este puñado de blanca arena
Que un día –bajo el signo de Ra-
Dominara el mundo

LA MANZANA




Desprender el fruto
La roja manzana del Paraíso
El perfecto fruto que pendió
De la rama más alta del jardín
Morderla
No para gustar de su sabor
Que contenta los sentidos
Probar del fruto para alcanzar
Su ardiente centro
Su ignorada esencia
Para vislumbrar el umbral del Comienzo
El corazón del fuego
Y volver al dulce calor
De la semilla
Para encontrar en lo minúsculo
La puerta al mundo

RESTAURACIÓN


Soy el árbol de tu huerto
El árbol del invierno
Cuyas desnudas ramas
Tienen por fronda
El intermitente follaje
De las nubes
Soy el árbol de tu huerto
El árbol sin fruto
Que espera paciente
La estación propicia
El tiempo de la restauración
De todas las cosas
Soy el árbol de tu huerto
El árbol erguido sobre la tierra
Que aguardará paciente
Todas las tormentas

DINTEL


La piedra eternal busca lo temporal
La esbelta columna que sostiene
El claro techo del cielo
El frontispicio del templo
Donde la luz de oro anima
Las figuras pétreas de los Dioscuros
La cóncava piedra de la clepsidra
Que guarda en su mano los instantes
Del inasible tiempo
El atezado bloque de granito
De las murallas imperiales
Que cubrirá la hierba
El diáfano estanque
Que contempla los jardines
Y cuya agua habrá de pervertirse
El poema que olvida
Los himnos y los trenos
El epitafio borrado por el limo
El cántaro roto de la sed
La sencilla piedra
Bajo la catedral del árbol

TAUBE


Esta paloma no conoce diluvios
No sabe de Arcas
Ni de altares de piedra y holocaustos
Esta paloma ignora el naufragio de la luz
La imposibilidad de la palabra
Los signos escritos y borrados por el viento
Los pasos perdidos de la arena
Sabe de los raudales de claridad del día
De las espumosas ondas del mar
Que dicen su nombre
Cuando sopla el aire fresco
De la lluvia que vacía las populosas plazas
De los portales semioscuros de la tarde
Esta paloma como el mundo
Surge de la penumbra
Del albor de sus alas
Amanecen las blancas ciudades del día
Han pasado siglos
Y no ha faltado tierra
Donde descansar su vuelo

FERNANDO RUÍZ GRANADOS. Biografía



Nació en la ciudad de México en 1958. Al cumplir 17 años llegó a radicar a Xalapa Veracruz, México. Ciudad en la cual tuvo lugar su formación cultural y académica. Es ahí donde lleva realizando su gran labor literaria, la cual consta de; Narrativa y Poesía. (Después de haber obtenido el diploma de Licenciado en Letras Españolas en la Universidad Veracruzana). “He tenido una fortuna inaudita en las letras.” –confiesa- Y su agradecimiento es irrebatiblemente justificado. Sus textos han sido publicados en más de once países de habla hispana, a la vez que han sido traducidos y difundidos en más de cinco idiomas.
Sus innumerables obras han sido publicadas por editoriales nacionales e internacionales. Le rituel du vautour. Col. L´Harmattan, Ediciones Noel Blandin, París, 1991.Poemas de Brindisi. Fondo Editorial Tierra Adentro, Conaculta, 1992. Mundo en resurrección. Col. El Ala del Tigre, UNAM, 1999. Desierto. Col. Literatura, Secretaría de Educación y Cultura, 1998. de Brindisi. Fondo Editorial Tierra Adentro, Conaculta, 1992. Sólo por enumerar unos cuantos de los más de 15 poemarios y libros en prosa que integran su obra literaria.
Sus trabajos lo han hecho merecedor de más de 29 premios nacionales e internacionales. Estos le han sido otorgados por grandes autores. Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde, 1990 (Alí Chumacero) Premio Nacional de Poesía Jorge Cuesta, 2004 (Sergio Pitol) Premio Latinoamericano de Poesía Plural, (Homero Aridjis) Premio Internacional de Poesía Salvador Díaz Mirón, (Hugo Gutierrez Vega) La lista es larga para transcribirla toda. Su vastísima labor cultural lo ha llevado a ser:: colaborador en ediciones literarias, fundador de publicaciones, director de certámenes literarios, y figura central en incontables eventos encaminados a propagar el arte del buen escribir.

11.4.08

LA PATRIA


Esta casa de espesas paredes coloniales
y un patio de azaleas muy decimonónico
hace varios siglos que se viene abajo.
Como si nada las personas van y vienen
por las habitaciones en ruina,
hacen el amor, bailan, escriben cartas.
A menudo silban balas o es tal vez el viento
que silba a través del techo desfondado.
En esta casa los vivos duermen con los muertos,
imitan sus costumbres, repiten sus gestos
y cuando cantan, cantan sus fracasos.
Todo es ruina en esta casa,
están en ruina el abrazo y la música,
el destino, cada mañana, la risa son ruina;
las lágrimas, el silencio, los sueños.
Las ventanas muestran paisajes destruidos,
carne y ceniza se confunden en las caras,
en las bocas las palabras se revuelven con miedo.
En esta casa todos estamos enterrados vivos.

EL CORAZÓN


Cuarenta años han dejado nudos y sospechas
y un cielo turbio donde envejecen sin remedio
el sol, la dicha y las palabras.
Lo cruzan calles ahora sin olores ni mediodías;
a veces el esplendor de un nombre
se pudre como saliva o como flor.
Ausencias y desamores son raíces secas,
ya sin rabia ni belleza.
Ha hecho suyas algunas cosas muertas:
las risas, las caricias y las cenizas de una tarde
el sabor del domingo a los diez años,
ciertos versos celestinos y necesarios,
algunos cuerpos usados con ternura.
Allí el futuro está de sobra
como el polvo en los muebles de la casa
y sólo una certidumbre sobrevive:
el deseo incancelable de estar siempre en otra parte.
Una lluvia bogotana, leve y gris, cae sin parar.
Cementerio de sueños, pobre corazón,
nada inmortal lo habita

EXTRAÑOS EN LA NOCHE


Nadie mira a nadie de frente,
de norte a sur la desconfianza, el recelo
entre sonrisas y cuidadas cortesías.
Turbios el aire y el miedo
en todos los zaguanes y ascensores, en las camas.
Una lluvia floja cae
como diluvio: ciudad de mundo
que no conocerá la alegría.
Olores blandos que recuerdos parecen
tras tantos años que en el aire están.
Ciudad a medio hacer, siempre a punto de parecerse a algo
como una muchacha que comienza a menstruar,
precaria, sin belleza alguna.
Patios decimonónicos con geranios
donde ancianas señoras todavía sirven chocolate;
patios de inquilinato
en los que habitan calcinados la mugre y el dolor.
En las calles empinadas y siempre crepusculares,
luz opaca como filtrada por sementinas láminas de alabastro,
ocurren escenas tan familiares como la muerte y el amor;
estas calles son el laberinto que he de andar y desandar:
todos los pasos que al final serán mi vida.
Grises las paredes, los árboles
y de los habitantes el aire de la frente a los pies.
A lo lejos el verde existe, un verde metálico y sereno,
un verde Patinir de laguna o río,
y tras los cerros tal vez puede verse el sol.
La ciudad que amo se parece demasiado a mi vida;
nos unen el cansancio y el tedio de la convivencia
pero también la costumbre irremplazable y el viento.